Capítulo 244 Roja como un tomate, jaló las sábanas y se tapó la cabeza, dejando escapar un quejido de pura vergüenza.
¡Ah!
Se moría de la pena, encogiendo los dedos de los pies bajo las sábanas.
"¡¿Rafael no irá a pensar que soy una especie de fiera insaciable?!" Al verla así, la mirada de Rafael se llenó aún más de ternura.
Era bastante adorable.
Para cuando Vanessa terminó de arreglarse y bajó a comer, ya era casi la una de la tarde.
Llevaba puesto un conjunto blanco de roра cómoda. Se sentó frente a él y levantó la mirada con sorpresa.
—¿Hoy no vas a la oficina?
Rafael le sirvió personalmente un plato de caldo reconfortante y lo puso frente a ella, con una sonrisa juguetona en los labios.
—Anoche mi señora se esforzó mucho, ¿cómo me voy a ir a trabajar? Tengo que quedarme en casa a cuidarte bien.
La cara de Vanessa volvió a encenderse. Agachó la cabeza y se cubrió con ambas manos.
No debió haber preguntado.
—Eso demuestra que te falta autocontrol.
Deberías ser capaz de ganar dinero y atender la casa al mismo tiempo —dijo Vanessa, mordiéndose el labio para recomponerse. Para cuando levantó la cara, ya no le ardía tanto.
Rafael arqueó una ceja con actitud de alumno que acepta la lección.
—Tienes razón, cariño. En cuanto termine de acompañartea comer, me voy a la oficina. Hay que trabajar duro para consentir a mi esposa.
Vanessa notó que esa boca suya se había vuelto cada vez más dulce.
Y pensar que antes era de lengua afilada.
—Vamos, tómate el caldo. Es reconfortante, te va a caer bien.
—... Ajá.
Vanessa mantuvo la cabeza bien agachada, sin levantar la mirada. La cara le había ardido tantas veces ese día que sentía que se iba a derretir.
Después de comer, Vanessa se quedó en la sala tomando café.
Al poco rato, Rafael subió y bajó con un traje hecho a la medida. La calidad impecable de la tela resaltaba su porte elegante y refinado.
Facciones marcadas, atractivo por donde lo viera.
Imposible cansarse de mirarlo.
—Señora.
Enseguida, Ricardo entró acompañado de varios subordinados e hizo una leve reverencia respetuosa.
—Estos son regalos que el señor Cisneros le envía.
Vanessa miró a los subordinados.


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