Capítulo 243 Esa noche, Vanessa pasó de ser una chica a convertirse en toda una mujer.
Rafael parecía un lobo hambriento que no lograba saciarse; la había tomado una y otra vez a lo largo de toda la noche.
Aun conteniéndose al máximo, fueron al menos tres veces.
Vanessa quedó agotada y no despertó sino hasta el mediodía del día siguiente.
Al abrir los ojos, sintió la calidez en su espalda y, por instinto, se recargó hacia atrás hasta quedar pegada a su cuerpo.
—Ya despertaste.
Rafael, recostado de lado con una mano sosteniendo su cabeza, la abrazaba. Alzó la mano y le tocó la punta de la nariz.
—¿Tienes hambre?
Vanessa aún no terminaba de despertar. Con los ojos entrecerrados, soltó un murmullo perezoso, como un gatito adormilado.
—No tengo hambre, todavía tengo sueño.
—¿Quedaste agotada? Entonces duerme otro rato, tienes que descansar bien —dijo Rafael con voz amorosa y una sonrisa.
Los recuerdos de la noche anterior volvieron de golpe a la mente de Vanessa y, en un instante, el sueño se le esfumó casi por completo.
Al recordar lo apasionado e incansable que había sido, Vanessa sonrió y se dio la vuelta para abrazarlo, acurrucándose entre sus brazos.
—Y todo es tu culpa, con esa energía que tienes.
—Con que la señora Cisneros esté satisfecha, me doy por bien servido.
Rafael dejó escapar una risa.
—Ahora que ya somos marido y mujer de verdad, la señora Cisneros deberá recordar que tiene una responsabilidad conmigo.
Después de lo que pasó la noche anterior, Vanessa se había deshecho de todo ese resentimiento.
Aunque sabía que él tenía a alguien especial en su corazón, lo que más quería era seguir lo que le dictaba el suyo y, por una vez, tomar ella la decisión.
Soltó una risita y se acurrucó contra él.
—Entonces más le vale al señor Cisneros portarse bien y no estar de coqueto.
—Hecho.
Rafael inclinó la cabeza y le dio un beso tierno en la coronilla. Con esa voz envolvente, le dijo: —Duerme un poco más. En un rato vengo a despertarte para comer.
—¿Ustedes ya...? ¡Vamos, cuéntame! ¿Llegaron hasta el final?
Vanessa tenía la cara roja hasta las orejas, pero no podía ocultar la sonrisa.
—Sí, ya somos marido y mujer como Dios manda.
—¡Mira nada más! Dijiste que ibas a confesarte y de una lo conquistaste. ¡Estamos hablando del hombre que todas las mujeres sueñan! ¿Y qué tal?
¿Estuvo bien? ¿Quedaste satisfecha?
Vanessa recordó cuánto había durado todo aquello la noche anterior y se revolcó en la cama abrazada a la sábana.
—Fue bastante tiempo...
Lo que no notó fue que Rafael estaba parado justo en la puerta de la habitación, observándola con una sonrisa.
Cuando reparó en su presencia, levantó la cabeza y colgó la llamada.
—¿De... Desde cuándo volviste al cuarto?
Rafael, con esa mirada profunda y una sonrisa divertida, respondió con calma: —Desde que dijiste "me saltó encima y estuvo increíble". Así que la señora Cisneros quedó satisfecha con mi desempeño de anoche.

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