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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 30

Capítulo 30 Se veía herido, como si tuviera un miedo terrible a perderla.

Vanessa temía que la fiebre la estuviera haciendo alucinar y que solo se estuviera haciendo ilusiones ella sola. No quería que hubiera malentendidos.

—¿De qué hablas? No me refería a eso.

Él entrecerró sus ojos oscuros con un poco de malicia.

—¿Entonces a qué te refieres?

—A ver, lo nuestro es solo un matrimonio por contrato. Esa joya es una reliquia familiar muy valiosa y me da miedo que se me pierda; lo más lógico es que tú la guardes —explicó ella con sinceridad, señalando después los documentos de las acciones—. Y todo esto también es demasiado dinero.

"Si después se enamora de alguien más y tengo que devolverle todo, me va a doler demasiado.

Mejor ni me hago a la idea de que es mío".

—¿Solo piensas en eso? —preguntó Rafael, como si necesitara confirmar algo. Su expresión se relajó un poco.

Vanessa, sin tener idea de lo que él estaba pensando, asintió.

—Exacto. ¿Qué más iba a ser?

Al comprobarlo, él entendió que la había juzgado mal y su enojo se esfumó. Sus facciones recuperaron esa amabilidad habitual, mostrándose tan tranquilo como siempre.

—Si mi abuelo te dio esto como su nieta política, acéptalo —sentenció él.

Al escuchar eso de "nieta política", el pulso de Vanessa se aceleró y sintió que la cara se le ponía roja. Ni modo, tendría que aceptarlo.

—Está bien —murmuró ella—. Pero luego no me lo pidas de vuelta.

—¿Qué dijiste? —preguntó Rafael, pues no alcanzó a escucharla.

Ella se mordió el labio y negó.

—Nada.

—Sigues siendo tan desesperante como siempre —comentó él, dejando escapar un suspiro de fastidio.

Vanessa lo escuchó, arrugó la frente y lo miró con curiosidad. En ese momento, vio que sacaba otro documento más.

—No hay nada que se me escape.

A Vanessa le temblaron los labios; sentía emociones imposibles de describir. Alguna vez llegó a pensar que sería Alexis quien le daría un hogar, pero jamás imaginó que terminaría siendo él. Rafael, el tipo que siempre chocaba con ella y que solía recibirla con una actitud tan indiferente.

Al final, esa era la gran diferencia entre Rafael y Alexis. Él siempre era alguien maduro y responsable; para él, darle una casa después de casarse no era más que cumplir con su deber.

Probablemente, lo menos sensato que había hecho en su vida fue haber ido al registro civil con ella.

Los ojos de Vanessa se llenaron de lágrimas y su visión se volvió borrosa. Bajó la mirada, tratando de contener el llanto antes de hablar.

—Muchas gracias.

Él era muy alto. Vanessa se veía pequeña y frágil frente a él, especialmente en ese momento en que bajó la cabeza con los ojos llorosos, luciendo vulnerable.

Rafael sintió una punzada en el corazón. No pudo evitarlo: le sostuvo la nuca y la atrajo hacia él, envolviéndola en un abrazo.

—Llora si quieres. Haz lo que sientas, no te aguantes.

Le dijo con una voz suave, como si estuviera intentando consolar a una niña.

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