Capítulo 302
Vanessa se quedó mirando unos segundos.
De pronto, el cielo estalló en fuegos artificiales.
Vanessa parpadeó sorprendida y alzó la cara para contemplarlos. El resplandor de la pirotecnia le iluminaba la cara, y en sus pupilas se reflejaban destellos de luz que la hacían lucir más deslumbrante que nunca.
Rodrigo se recargó de espaldas contra la baranda y giró la cabeza. Su mirada se posó en ella con disimulo. Sus labios finos, de trazo afilado, se tensaron en un intento de sonrisa, dejando que un brillo travieso se asomara en su mirada, fugaz como un relámpago.
Vanessa percibió que la observaba y volteó a verlo.
Rodrigo arqueó las cejas y le dedicó una sonrisa ambigua.
-Hermosa.
Los fuegos artificiales eran ensordecedores, pero Vanessa aprovechó el respiro entre dos estallidos
y lo escuchó con toda claridad. Lo miró extrañada, pero no dijo nada.
***
Abajo, en el salón principal, los invitados salieron en tropel al jardín para contemplar la lluvia de fuegos artificiales.
Rafael no paraba de marcar el número de Vanessa desde su celular, pero con tanta gente la señal era pésima y la llamada no entraba. Levantó la mirada sin pensarlo y distinguió una silueta en el balcón del tercer piso.
A su lado estaba Rodrigo. De vez en cuando cruzaban miradas y parecían tener mucha confianza entre ellos.
El gesto de Rafael se volvió serio. "¿Se conocerán esos dos?" Camila salió de la casa con los ojos hinchados, como si hubiera llorado. Fue a buscarlo hecha una furia, pero al ver su cara, siguió la dirección de su mirada hacia el balcón y entendió todo.
Con el estruendo de los fuegos artificiales, Camila alzó la voz sin darse cuenta; lo provocó a propósito.
-En este mundo no hay mujer que se le escape a mi hermano. Lo sabes, él y yo casi nos leemos el pensamiento. Me doy cuenta de que le interesa.
Rafael entrecerró los ojos y se encaminó rápido hacia el interior de la casa.
Camila se apresuró a seguirlo.
-Rafa, ella no te conviene. ¿Para qué te molestas por alguien así? Además, esa habitación es de mi hermano. Él jamás se acerca a ninguna mujer por iniciativa propia. Seguramente Vanessa lo provocó...
-¡Cállate!
Rafael le dirigió una mirada fulminante sin aminorar el paso y le advirtió en tono de amenaza.
Le agradecía haber intervenido para que no pasara la vergüenza de su vida en la planta baja. Habría sido demasiado humillante.
-Te acompaño.
Rodrigo sonrió a medias; sus rasgos parecían haber perdido la dureza de antes. Despojado de su porte autoritario, no resultaba tan intimidante.
Vanessa declinó.
-No, gracias. No sería apropiado.
Un hombre y una mujer bajando juntos desde el piso de arriba... todos se pondrían a especular. Ya tenía suficientes rumores encima; no necesitabа uno más.
Se dio la vuelta y estiró la mano hacia la puerta. Un mechón de su cabello rozó la cadena metálica de Rodrigo y se enganchó sin querer.
Vanessa dio un paso al frente, pero sintió el tirón en el cabello y se fue hacia atrás, aterrizando de lleno contra el pecho de él.
-Cuidado.
Rodrigo la sostuvo por los hombros desde atrás.
Vanessa quedó con la espalda pegada a él, y el cabello, atrapado por la cadena, le tironeaba el cuero cabelludo.

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