Capítulo 295 Vanessa notó que Rafael la observaba; lo escuchó dar instrucciones al teléfono.
—Ve a averiguar quién lo hizo.
Colgó la llamada y se acercó a ella con una sonrisa apenas insinuada.
—La señora Cisneros es muy perspicaz; acertó a la primera.
Vanessa seguía con cara de desconcierto.
—¿En serio alguien manipuló el proceso?
—Ajá, claro.
Rafael le tomó el mentón con los dedos, y su mirada oscura se volvió cada vez más inquisidora.
—Recuerdo que tú también estudiaste ingeniería en su momento...
Vanessa se tensó apenas un segundo. Lo apartó con suavidad y se levantó en dirección al dormitorio.
—Fui muy mala alumna; no hay nada que valga la pena mencionar.
Rafael la vio alejarse, su figura delicada perdiéndose por el pasillo, y su expresión se tornó más sombría.
*** Los siguientes dos días en el set transcurrieron sin contratiempos para Vanessa. Ya habían trabajado juntos una vez; así que la dinámica fue más fluida.
El guion de ese día quedó ajustado según las indicaciones del director, y ella se dispuso a pasar por el baño antes de irse.
Le llegó un mensaje.
"RV: Acompáñame esta noche a una fiesta".
"¿Qué fiesta?" "La familia Zárate. Es el cumpleaños ochenta del patriarca".
¿Los Zárate? ¿No era esa la familia de Camila?
Vanessa no esperaba que fuera tan de improviso.
Dudó unos segundos.
"¿Es apropiado que vaya?" "Señora Cisneros, tarde o temprano tenemos que hacerlo público".
Ella pensó que tenía razón.
"Bien".
Al cabo de un momento, la mano que le cubría la cabeza se retiró, y él la soltó. Vanessa entonces se dio cuenta de la cantidad de mercancía que había caído a sus pies, desparramada en todas direcciones. Por el ruido de antes, era fácil deducir lo ocurrido.
Si Rodrigo no la hubiera protegido, todo eso le habría caído encima.
—¿Estás bien?
Vanessa preguntó con genuina preocupación, pues calculó que él había usado su cuerpo para bloquear los objetos que caían. Rodrigo arqueó una ceja sin darle importancia, con una arrogancia indolente que rozaba el desprecio.
—Estas cosas no me van a lastimar.
Vanessa no quedó convencida.
—Ve al hospital a que te revisen. Los gastos corren por mi cuenta.
Rodrigo la miró con calma, y cuando habló, su voz era gruesa y firme.
—¿Piensas que te voy a cobrar algo?
Vanessa no respondió. ¿No lo había hecho antes con el traje? Aunque ella le había hecho una transferencia, él nunca la aceptó.
Se quedó callada. El gerente del supermercado llegó corriendo, vio la escena y se deshizo en disculpas. En cuanto reconoció a Rodrigo, heredero de los Zárate, casi se quedó sin color del susto.

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