Capítulo 32 Que las palabras "cancelar el compromiso" salieran de la boca de Vanessa resultaba más descabellado que una profecía del fin del mundo.
Tras un breve instante de desconcierto, Alexis se rio burionamente:
—Este jueguito de hacerte la difícil te sale cada vez mejor. ¿En serio crees que por mencionar la ruptura te voy a creer o me voy a asustar?
Vanessa volvió a reírse por la indignación. Tenía sentido. Él nunca tomaba en serio lo que ella decía; siempre asumía que mentía solo para llamar su atención.
—Cree lo que quieras —dijo Vanessa, sin intenciones de seguir discutiendo mientras se preparaba para irse.
De todos modos, en un mes los señores Cisneros regresarían al país y entonces todo saldría a la luz.
—¿A dónde vas? ¿A qué le tienes miedo ahora?
Alexis la sujetó de la muñeca con fuerza. En su cara enfurecida no había ni un rastro de consideración.
—No me importa qué trucos intentes usar, vendrás conmigo al hospital a pedirle disculpas a Nati.
El agarre le dolió y Vanessa arrugó la frente mientras forcejeabа.
—¡Alexis, suéltame! ¡¿Qué crees que estás haciendo?!
Pero Alexis estaba decididoa llevársela. Ignorando su expresión de dolor, la arrastró hacia el estacionamiento y la metió a la fuerza en el auto.
—¡Alexis, te volviste loco! ¡¿Qué es lo que quieres?!
A Vanessa le dolía mucho la muñeca y su mirada se volvió tan gélida que parecía querer matarlo.
—Quiero que pidas perdón. —Luego, le ordenó al asistente en el asiento del conductor—: Arranca, vamos al hospital.
***
Vanessa intentó abrir la puerta del otro lado, pero antes de que pudiera tocar la manija, Alexis la jaló de vuelta con brusquedad. Él era fuerte de por sí y, al perder el control, no midió su fuerza. Vanessa se golpeó de lleno contra el respaldo de cuero y su frente impactó contra el broche del cinturón de seguridad; el dolor fue tan agudo que casi se le salen las lágrimas.
—¡Ah! —Vanessa soltó un grito y se encogió por el dolor.
Un destello de nerviosismo cruzó la mirada de Alexis, pero al recordar lo manipuladora que solía ser, volvió a endurecer el gesto.
—Deja de actuar. Eres capaz de cualquier cosa con tal de no ir a pedirle perdón a Nati.
Vanessa sorbió por la nariz, soportando el dolor.
Aunque ya se había dado por vencida con Alexis, sus crueles palabras se le clavaron en el oído y le atravesaron el corazón con precisión.
—¿Apenas te das cuenta?
De vuelta al presente, la voz impaciente de Alexis la sacó de sus pensamientos:
—Vanessa, te estoy hablando, ¿qué no escuchas?
—No es asunto tuyo —respondió Vanessa mientras intentaba recuperar su celular.
Como ella no respondía, Alexis apretó la mandíbula y colgó. Ella trató de arrebatárselo, pero él levantó la mano para dejar el aparato fuera de su alcance y terminó apagándolo.
—¡Alexis! ¡¿Con qué derecho me quitas el celular?!
—le dijo ella, fulminándolo con la mirada.
Al verla así, la ira de Alexis aumentó y su cara mostró un desprecio.
—i¿Qué rayos es eso de "Ogro"?! ¡Estás loca! Te pasas todo el día fantaseando en lugar de hacer algo útil; ese trabajito tuyo de guionista es un mal chiste.
Vanessa sintió como si alguien le estrujara el corazón con fuerza hasta destrozarlo. El dolor la hizo estremecer por dentro.

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