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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 323

Camila emitió un resoplido y se fue de mala gana.

Cuando terminó la cena, Galván y los otros ingenieros estaban empapados en sudor. El problema aún no se resolvía y Rafael les permitía competir entre ellas. Visto así, era demasiada indulgencia hacia Vanessa. Por suerte, Camila tenía un verdadero talento. Los Zárate y los Cisneros eran rivales acérrimos en el mundo de los negocios; por lo regular, pedirle a Camila asesoría técnica era impensable. Que esta vez viniera por voluntad propia a ayudar se sentía como haberse sacado la lotería.

De regreso, Vanessa iba en el auto sin decir palabra, con la mirada algo perdida. Rafael interpretó que estaba pensando en algo y no pudo evitar interrumpirla.

—¿En qué piensa la señora Cisneros?

Rafael giró la cabeza hacia ella; sus ojos cálidos, como siempre, se posaron en ella.

Vanessa alzó la mirada y se encontró con esos ojos negros como la profundidad de la noche. Sonrió a medias.

—Estoy pensando en cuál calle elegir para que corra desnuda cuando le gane.

No era broma. Durante cinco años se negó a hacerse cargo de la empresa. En parte, porque no quería revivir el dolor de la muerte de su padre. Después se mudó de la casa de su familia a un departamento: le quedaba más cerca de la universidad, y además le convenía para... Ya no podía seguir evadiendo la realidad.

—La avenida más concurrida de la capital, por supuesto —respondió Rafael con ternura cómplice.

Vanessa rio y lo miró de reojo con aire serio.

—¿Tan cruel?

Rafael tomó su mano y se la llevó a los labios para darle un beso suave.

—Cuando ella quiso humillarte, no se detuvo a pensar si era cruel o no.

Ahí estaba. Con lo mucho que la apoyaba, era imposible que Camila fuera la persona especial de su corazón. A menos que fuera un actor consumado.

***

Al día siguiente, Vanessa llegó temprano al estudio para acompañar la filmación. Durante toda la mañana hubo muchos cambios, pero el equipo se coordinó bien y el rodaje avanzó sin problemas. Como el horario de grabación fue muy temprano, el director Quiroz tuvo la consideración de comprar desayuno para todos. La comida quedó sobre una mesa para que cada quien eligiera lo que quisiera.

Vanessa estiró la mano hacia un café, pero alguien se le adelantó y lo tomó antes que ella. Era el último.

Vanessa se quedó inmóvil un breve lapso y miró por instinto a la persona que había agarrado el café. Itzel le sonrió con gesto amable.

—Señorita León, tenga, para usted.

Vanessa respondió con cortesía forzada:

—Gracias, tómatelo tú.

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