—Tranquilo, a las tres de la tarde estaré ahí.
—Vanessa, si no sabes, dilo de una vez. ¿Para qué pretendes lo que no eres?
Camila le arrebató el teléfono y se burló:
—Todavía estás a tiempo de rendirte. Al menos así no pasarás vergüenza frente a Rafa.
—Señorita Zárate... —La voz de Vanessa surgió pausada, arrastrando un tono cínico y burlón—. ¿Su título de ingeniería lo compró en algún mercado? Para ser toda una profesional, le sobra el tiempo libre.
Camila apretó la mandíbula de pura rabia. Pero Vanessa no le dio oportunidad de responder; ya había colgado.
Lo que Vanessa no esperaba era que una simple apuesta llegara a oídos de Alexis.
Apenas cruzó la puerta del set de grabación, él le bloqueó el paso. Intentó esquivarlo varias veces sin éxito, así que se plantó frente a él, inexpresiva, y le dijo molesta:
—¿Quieres que llame a la policía?
Después de todo, del incidente en Hacienda Peñoles todavía conservaba los videos comprometedores.
Alexis se tensó.
—¿En serio me odias tanto?
Vanessa lo miró sin mostrar algún sentimiento y respondió sin vacilar:
—Sí.
—¿Por qué?
Alexis casi gruñó, como si no pudiera aceptarlo. Una mujer que lo amó durante cinco años, ¿ahora decía que lo odiaba? Imposible. No lo creía.
¿Que por qué? Vanessa casi se rio. No podía creer que todavía tuviera el descaro de preguntar algo así.
Lo miró con frialdad, clavándole los ojos.
—Porque eres un descarado. Fingiste ser mi salvador durante diez años. ¿Eso no es suficiente? Bien, pues escucha. Te voy a decir exactamente por qué te odio. Estuve contigo cinco años, tiempo en el que todo lo que hiciste fue lastimarme, humillarme, hacerme dudar de mí misma hasta que ya no me reconocía.

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