Todos quedaron boquiabiertos, sin poder reaccionar.
A Vanessa le causó gracia la expresión de Torres, y se rio bajito.
—No es para tanto.
Torres no podía creerlo. Cuando lo eligieron para ser ayudante de Vanessa, en el fondo sintió que le había tocado en el equipo perdedor. Algo que involucraba seguridad no debería tomarse a la ligera. Incluso llegó a pensar que Rafael no sabía separar lo personal de lo profesional y que usaba este tipo de asuntos para complacer a una mujer. Pero nunca imaginó que el de mente estrecha era él, eran todos ellos.
Con la precisión y la velocidad con que Vanessa resolvió el problema, ni Camila, ni siquiera Leandro Palma, el gran ingeniero de Cartaluz, habrían logrado solucionarlo con tanta soltura.
Camila tardó unos segundos en salir de la conmoción. Caminó a paso veloz hasta quedar frente a Vanessa. Lo que mostraba la pantalla le parecía imposible.
—No puede ser, ¿cómo es posible? ¡Hiciste trampa!
La miraba con furia, negándose a aceptar que fuera real.
Vanessa se mantuvo erguida, imperturbable.
—Camila, no hice trampa. Es que tú no tienes el nivel.
El sistema había sido alterado y estaba plagado de pistas falsas, pero bastaba con analizar a fondo para descartar lo irrelevante y dar con el origen del fallo. Y, por supuesto, la razón principal era que ella misma había desarrollado ese sistema; conocía cada línea de código mucho mejor que Camila.
—¡Deja de presumir! Tú no sabes nada de esto, ¿cómo pudiste resolver el problema tan rápido? —Camila no dejaba de cuestionar—. Piénsenlo, todos ustedes, ¿acaso no tengo razón?
Los ingenieros se miraron entre sí. Coincidían con su razonamiento, pero de ahí a afirmar que Vanessa hizo trampa... ¿con qué pruebas?
—¿Perdiste y ahora quieres hacer una escena?
Rafael se acercó a toda prisa. Impresionaba cada vez que lo veían, pero su presencia era tan imponente que mantenía a cualquiera a distancia. Su sola presencia intimidaba tanto que nadie se atrevía a sostenerle la mirada.
—¡Soy una ingeniera de alto nivel! —Reclamó Camila—. ¿Cómo voy a perder contra una simple guionista ignorante? Rafael, ¿en serio crees que todos aquí son idiotas y se van a creer esta farsa?
—¿Y tú cómo estás tan segura de que la heredera de la empresa tecnológica de los León no sería capaz de resolver algo así? —respondió Rafael con voz cortante, mirándola con desprecio.
Aunque había previsto que Vanessa podría resolverlo, no esperaba una sorpresa de esta magnitud. La fluidez con que operó, la calma que mantuvo en todo momento, dejaban en claro que su talento iba mucho más allá de esto.

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