Capítulo 435
Vanessa también se quedó estupefacta unos segundos, con una punzada aguda atravesándole el corazón.
No le había pegado a propósito.
Fue que, al agitar la mano, sin querer terminó golpeándole la cara.
Al ver las facciones marcadas y atractivas de Rafael, por instinto quiso explicarse, pero las palabras se le quedaron atoradas en la garganta.
-Rafael, lo nuestro se acabó.
El tono de Vanessa era sereno, pero tajante. Sin la menor vacilación, giró sobre sus talones y se alejó.
Aquella silueta se le grabó a Rafael con crueldad.
Bajó la cara y retrocedió unos pasos. No se fue enseguida: metió la mano al bolsillo, sacó la cajetilla y extrajo un cigarrillo.
Se llevó el cigarrillo a los labios y lo encendió. Tras una calada, alzó su cara, esa cuya belleza era capaz de cautivar a cualquiera. Soltó el humo con lentitud.
El movimiento fue fluido, pero la neblina grisácea que lo rodeó terminó por ocultar cualquier rastro de emoción en su mirada. Bajo la luz difusa de los faroles, su figura parecía envuelta en un velo de profunda tristeza.
Vanessa volvió al departamento con el ánimo pesado. En el ascensor, seguía rememorando aquella cachetada. Sin saber por qué, sentía una presión sofocante en el pecho.
Bianca estaba en la sala, al teléfono. Al escuchar la puerta, le echó un vistazo entre palabras y, solo con los labios, la saludó.
Luego señaló el celular que tenía en la mano y le contestó al otro lado:
-Pero estoy de vacaciones. ¿No pueden programar el trabajo para dentro de unos días? El problema lo causó ella, que lo resuelva. ¿A mí para qué me buscan? Al parecer cualquiera puede Ilamarme para salir del apuro.
Estaba molesta.
Por los retazos que alcanzó a escuchar, Vanessa dedujo que del otro lado debía estar su mánager, pidiéndole que regresara a trabajar.
No quiso interrumpir. Le hizo un gesto con la cabeza para indicarle que siguiera en lo suyo, se cambió los zapatos y fue al dormitorio.
Había sido un día agotador; un baño le vendría bien para relajarse.
Cuando salió del baño, Bianca recién terminaba la Ilamada y estaba despatarrada en el sofá.
Esas piernas largas y esbeltas eran un deleite para la vista.
-¿Qué pasó? -Vanessa se acercó, se sentó a su lado con gesto atento y tomó un cojín para abrazarlo.

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