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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 434

Capítulo 434

En el auto, Daniel dijo con fastidio:

-Qué descarado. Atreverse a aparecer frente a usted. Señorita, hace un momento debió patearlo, golpearlo, y desquitarse como se debe.

Vanessa recostó la espalda contra el asiento, echó la cabeza hacia atrás y se frotó el entrecejo con la mano.

-Antes habría pensado eso, pero ya no.

Cuando el interés se pierde, hasta el enojo se vuelve perezoso. Ya ni siquiera tenía fuerza para levantar la mano.

La disculpa de Alexis le causó un vuelco en el pecho, pero no logró conmoverla. Hubo un tiempo en el que ella habría dado cualquier cosa por que él notara su tristeza. Nunca imaginó que, cuando dejara de amarlo, él por fin lo notaría.

Pero ya no le importaba.

El auto regresó al pie del edificio del departamento. Vanessa se bajó y esperó a que Daniel se alejara manejando antes de disponerse a

subir.

Una voz conocida se escuchó a sus espaldas.

-Vanessa...

Antes de que pudiera voltear, el dueño de la voz ya estaba frente a ella. Por su cara serena y apuesta, se notaba que estaba preocupado.

-A Alexis lo sacaron bajo fianza. Hace un momento te buscó, ¿no? ¿Estás bien?

Antes, ella dependía de la ternura de Rafael.

Cuando no sabía qué hacer en muchas situaciones, era él quien le decía que se quisiera más a sí misma. Que no buscara en ella la culpa, que se tuviera confianza, y cosas por el estilo.

En esos tres meses de convivencia, él la alentó sin descanso y fue recuperando la fe en ella poco a poco.

Pero él también la había lastimado.

Vanessa apartó esos pensamientos y mantuvo la distancia.

-Ya te lo dije, no vengas a molestarme.

-Alexis pasó varios días encerrado. Tenía miedo de que quisiera cobrar venganza, de que cometiera alguna locura.

Rafael, temiendo que se fuera, le cortó el paso.

Aunque su mirada era dulce, a Vanessa le pareció impositiva y arrogante.

Ella se impacientó.

-¿Y cómo estás tan segura de que no eres tú a quien amo?

Tenía la voz áspera.

-Te lo dije: mi gran amor eres tú, el reloj quería

regalártelo a ti, ¿por qué no me crees?

Si no hubieran pasado tantas cosas, tal vez le habría creído.

-Si tu supuesto amor consiste en huir en los momentos más importantes, abandonarme y volverme el hazmerreír de todos... No quiero ese tipo de amor.

A Vanessa se le heló la sangre. Sin saber de dónde sacó las fuerzas, lo empujó y echó a caminar.

Pero Rafael aún quería detenerla y estiró la mano para sujetarla del brazo.

De pronto, Vanessa estalló. Con el pecho ardiendo de un dolor que la superaba, se soltó de un tirón y, antes de que él pudiera reaccionar, le propinó una cachetada.

A Rafael le ardió la mejilla.

Se quedó parado ahí, mirándola atónito, y en el fondo de sus ojos incrédulos pasó un rastro de dolor.

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