Diego le abrió la puerta del auto, esperó a que él subiera para cerrar la puerta y enseguida ocupó el asiento del copiloto.
—Jefe, los guardaespaldas acaban de llamar. La señorita se escapó —dijo Diego con el rostro grave, sin atreverse siquiera a mirar a Rodrigo a los ojos.
Tal como lo esperaba. Rodrigo le dirigió una mirada afilada.
—¿Son todos unos inútiles? Tantos hombres, ¿y no pueden vigilar a una sola mujer?
Desde el asiento del copiloto, Diego giró la cabeza para mirarlo. Su expresión era temerosa y respetuosa a la vez.
—La señorita los drogó y aprovechó para escaparse. Ya salieron a buscarla; creo que pronto la encontrarán, solo que…
A Rodrigo le dio un tic en el párpado derecho y su presencia se volvió imponente.
—Habla.
—Don Ernesto no pudo comunicarse con usted hace un rato y me llamó a mí. Le pide que acabe sin falta con los rumores en internet dentro de tres días. Y también… que envíe a la señorita al extranjero.
Rodrigo, con el rostro sombrío, rio con sarcasmo.
—Qué gracioso. Para él, excepto por el poder y la riqueza, todo lo demás es prescindible.
Cerró los ojos y se recostó en el asiento. Después de un buen rato, sus labios finos se entreabrieron.
—Redoblen los esfuerzos para enterrar las noticias en internet y encuentren a Camila cuanto antes. Y ataquen con todo a las empresas del Grupo León. Todas. Por cierto, con que Rafael se entere basta.
Diego conocía a la perfección los métodos de su jefe. Asintió, comprendiéndolo todo.
—Entendido. Lo organizo enseguida.
***
Cuando Vanessa y Rafael terminaron de cenar, ya había caído la noche. Rafael se encargó de manejar para llevarla al Residencial Los Álamos. En el camino, Vanessa bajó la ventanilla del copiloto y dejó que la brisa nocturna se colara y le rozara las mejillas.
Giró el rostro hacia la ventana y contempló las calles de Cartaluz, encendidas con sus primeras luces. El resplandor de los faroles iluminaba su piel blanca y resaltaba el aura de serenidad y madurez que desprendía. Rafael contempló su perfil y se le detuvo el corazón.
—¿Hay algo más que hayas descubierto?
Porque solo con eso, Vanessa no se atrevería a afirmar que el sabotaje estuviera relacionado con Camila. Vanessa se volvió para mirarlo de frente y dijo:
—Camila tiene una amiga que se llama Miranda Galindo, que también es modelo, igual que Bianca.
Rafael lo comprendió.
—Voy a mandar a alguien a investigar.
Vanessa asintió. Vio que se acercaba un auto cuyos faros la encandilaron y no le dejaron ver bien la placa; pensó que era Ricardo, que venía a recoger a Rafael, y dijo:
—Ya llegó quien viene por ti. Yo subo.
Tras decirlo, dio un paso hacia adelante; sin embargo, el auto que se acercaba aceleró de pronto y se lanzó contra ella.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Cómo se obtienen bonos?...
Es la única manera de desbloquear más capítulos, no hay forma para ver videos promocionales o algo así?...
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....