Entrar Via

El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 485

Vanessa quedó deslumbrada por la luz intensa. De manera instintiva levantó la mano para cubrirse de la luz, pero descubrió que el auto que se acercaba estaba encima de ella.

Se quedó paralizada.

De pronto, una voz tensa resonó:

—¡Cuidado!

Al segundo siguiente, Vanessa solo sintió que salía volando por los aires y caía. Su cuerpo se estrelló con fuerza contra un pecho firme. En ese momento, junto al sonido del viento en sus oídos, escuchó un quejido. Vanessa reaccionó enseguida. Descubrió que lo tenía aplastado debajo de ella.

—¿Estás bien? —Vanessa abrió los ojos, con la preocupación marcada en la mirada.

—Estoy bien.

Rafael miró con dureza hacia el auto que casi los había arrollado. Ese auto, después de pasar a toda velocidad, de pronto se detuvo. Como no había atropellado a nadie, el conductor parecía no resignarse y enseguida puso reversa. Volvió a lanzarse contra ellos con furia.

—¡Rafael! ¡Si tanto la amas, mueran juntos!

Camila iba al volante, con los ojos enrojecidos por un odio feroz. Con las dos manos aferradas al volante, pisó el acelerador sin dudarlo. Vanessa entrecerró los ojos bajo el resplandor cegador de los faros y, con dificultad, distinguió la silueta del conductor, lo que le dio un susto.

Era Camila.

¡Se había vuelto loca!

—Levántate rápido.

Vanessa no se preocupó por nada más, se incorporó de encima de Rafael y de paso lo jaló. Pero Camila venía conduciendo a toda velocidad. Estaba a punto de embestirlos. Rafael se levantó del suelo y, sin dudarlo, empujó a Vanessa.

—Vete.

Por suerte, en el momento en que el auto iba a embestirlo, Rafael alcanzó a apartarse a tiempo.

¡Pum!

El auto se estrelló contra el macetero. El frente quedó apuntando al suelo y la parte trasera del auto colgaba sobre el macetero. Los neumáticos delanteros seguían chirriando, girando enloquecidos. Pero como los neumáticos traseros estaban atrapados, el auto ya no se podía mover.

Vanessa contempló la escena con espanto; el corazón le latía descontrolado.

Bum, bum, bum.

—¡Rafael!

Pasó un buen rato antes de que recuperara la voz y gritara en dirección al macetero. Desde donde estaba, solo alcanzaba a ver el auto encajado en él, que le bloqueaba la vista, y no lograba distinguir nada con claridad.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)