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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 555

Capítulo 555

La figura robusta de Rodrigo se recortaba a contraluz, con los ojos ocultos entre las sombras y una mirada depredadora.

-Sigue vigilándola. Quiere montar un gran espectáculo, así que síguele el juego y deja que lo represente bien.

Diego Fuentes se sorprendió.

-Esto involucra a los Cisneros. ¿Vamos a meternos?

-¿Por qué no? Vamos a ponerle sazón. Creo que a Vanessa le va a encantar.

-Entendido, jefe.

Colgó el celular, echó la cabeza atrás y se bebió el vino tinto de un trago; sonrió con cinismo.

Esta mujer estaba loca de verdad. Cada vez lo sorprendía más.

***

A Vanessa le arrojaron un balde de agua fría encima y despertó. Apenas abrió los ojos, una luz intensa la obligó a entrecerrarlos. Estaba empapada de pies a cabeza y temblaba de frío,

porque el cuarto estaba helado y el aire era frío.

Antes de que alcanzara a ver dónde se encontraba, alguien la levantó y la sacó de allí.

Solo entonces lo entendió. El lugar donde había estado encerrada era una cámara frigorífica.

Lo primero que vio fue a Yolanda y a Bernardo, pero su atención se desvió enseguida hacia el hombre que estaba al lado.

-¡Cristóbal!

Vanessa gritó el nombre con los dientes apretados; del frío, hasta la voz le temblaba. No solo estaba Cristóbal; también estaba Yolanda.

Al verlos, Vanessa se rio con burla. Lo sabía.

Cristóbal se acercó con paso lento hasta quedar frente a ella y la observó con una mirada siniestra.

-Hasta a mí me conoces, basurita. Por lo visto sí que investigaste bastante.

Vanessa recorrió el lugar con la mirada. Era un enorme almacén de carne congelada; aunque el sistema de refrigeración también estaba encendido, la temperatura era mucho más alta que la del sitio donde había estado. Por todo el

más la cosa.

Lo dijo Yolanda. Vestía ropa cara, se veía elegante y distinguida, pero tenía una mirada maliciosa.

Vanessa soltó una risa y luego le escupió en la cara a Cristóbal, sin rastro de miedo en la mirada.

-Si tienes agallas, mátame. A ver si te atreves.

A Cristóbal le cayó el escupitajo en plena cara y, por instinto, la soltó. Se limpió con un pañuelo y le dio a Vanessa otras dos cachetadas con una fuerza asombrosa. Vanessa perdió el equilibrio y cayó sentada al suelo.

-Perra, hoy te voy a cumplir el deseo. Te voy a matar, basura.

Cristóbal soltaba insultos vulgares; sentía que Vanessa acababa de humillarlo. ¡Nunca nadie se había atrevido a tratarlo así!

En el mundo de los negocios no estaba a la altura de las cuatro grandes familias de Cartaluz, pero dominaba tanto los bajos fondos como el ámbito legal y se había tejido su red de contactos.

Y aunque su fortuna fuera algo inferior, quien lo respaldaba contaba con un poder enorme en el extranjero. Ante el público, Cristóbal apenas colaboraba con los Cisneros, pero en las sombras Yolanda lo apoyaba. Durante todos esos años todo le había salido viento en popa; nunca le había tenido miedo a nadie.

-A tu padre ni lo tomaba en cuenta. ¿Quién te crees que eres para tratarme así, maldita basura? Pensaba darte una muerte rápida, pero ya ni lo sueñes. Voy a divertirme matándote lentamente. ¡Voy a dejar que estos hombres abusen de ti hasta destrozarte!

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