—Ella se acerca a Rafael porque no puede procesar el rencor. Y él solo le hace caso por consideración hacia la familia León. No es más que una heredera inútil. ¿De qué le sirve saber escribir guiones?
Yolanda descargaba toda su frustración con gesto de asco y furia.
—Me enteré de que Alexis le dio una golpiza a Mauricio por culpa de esa desgraciada. Le abrió la cabeza. Los Estrada no están a la altura de los Cisneros, pero al final fue Alexis quien lo golpeó, así que no tenemos la razón. Cuando ella vuelva con Alexis y entre a esta familia, ya verá cómo me las cobro.
Al oír eso, Natalia sonrió con disimulo. Aunque la habían echado de la familia Cisneros, todavía contaba con el respaldo de Yolanda. Si a ella le iba mal, Vanessa tampoco iba a pasarla bien.
Cuanto más quisiera Vanessa saber el secreto de hace diez años, menos se lo iba a permitir.
La puerta del privado se abrió desde afuera y enseguida entró Alexis.
—Alexis.
Natalia lo miró con emoción.
Alexis se puso serio.
—¿Qué haces aquí?
—Yo la invité. Entre ustedes dos hay algún malentendido, y hoy lo van a aclarar. No dejen que alguien que no vale la pena arruine la armonía entre hermanos —intervino Yolanda.
—No tengo nada que hablar con ella —respondió Alexis con una risa burlona—. Mamá, no vuelvas a engañarme para traerme aquí solo por ella.
Se dio la vuelta para irse, sin un ápice de vacilación.
—¡Detente! —exclamó Yolanda, pálida.
Pero Alexis no escuchó y se alejó con rapidez.
Natalia estaba furiosa; hundió las uñas en sus palmas y se levantó.
—Mamá, no te preocupes, voy a hablar con Alexis.
Yolanda respiró hondo y su expresión se suavizó un poco.
—Está bien. Arreglen las cosas entre ustedes y presenten un frente unido.
Natalia salió tras él y lo alcanzó en el estacionamiento al aire libre, cuando estaba a punto de subirse al auto.
—Vete. No tengo nada que decirte.
Se acercó, le puso la mano en el pecho y lo miró con ojos insinuantes.
—Si todavía quieres hacerte con el Grupo León y darle la vuelta a todo, Vanessa no puede enterarse de quién la salvó hace diez años. Pero últimamente no me haces caso, y eso me duele mucho.
Alexis le sujetó la muñeca y entrecerró los ojos con exasperación.
—Deja de dar rodeos. Si me sirves de algo, te prometo que te trataré mejor.
—Hecho.
Natalia levantó la cara y lo miró con una sonrisa seductora.
—Trato cerrado.
Alexis la observó con el semblante tenso y una mirada siniestra.
Al poco rato, le sonó el celular. Alexis sacó el celular, lo desbloqueó y su expresión cambió por completo.
Itzel le había mandado una captura de pantalla: “Alexis, Vanessa publicó una foto de su acta de matrimonio. Se casó de verdad”.

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