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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 340

Vanessa salió de la sala de monitoreo con los discos en las manos. Junto a ella, el celular del asistente sonó.

—Disculpe, señorita León, debo contestar una llamada.

—Adelante —dijo Vanessa con un asentimiento.

El asistente se apartó con gesto respetuoso y respondió. Al cabo de unos minutos regresó frente a ella con una sonrisa.

—Señorita, el señor Héctor le pregunta si quiere ir a cenar a su casa esta noche. También me pidió que insistiera en que por favor acepte.

Vanessa se quedó pensativa. Echando cuentas, hacía muchos años que no se sentaba a cenar con sus tíos. Reconocía que había sido muy desconsiderada todo este tiempo, pero ahora no podía ir.

—Hazme el favor de decirle a mi tío que en cuanto termine con lo que tengo pendiente, iré sin falta.

El asistente entendió que era un no y se mostró algo incómodo. Vanessa le sonrió y añadió:

—Dile que se quede tranquilo, voy a cumplir mi palabra.

—Entendido, señorita, se lo transmitiré tal cual. —El asistente asintió.

Vanessa abrazó la caja de discos contra el pecho y se fue. El asistente se quedó mirando su silueta alejarse, luego giró hacia el estacionamiento para informarle a Héctor en persona.

Él iba en el asiento trasero de su auto. Tras escuchar el reporte, suspiró con resignación.

—Esta muchacha cambió por completo. No se parece en nada a la de antes.

El asistente agachó la cabeza sin decir nada.

—¡Todo es culpa de ese infeliz de Alexis! —Estalló Héctor de pronto—. ¡Es un desgraciado! Pensé que iba a cuidar bien de Vanessa, y mira cómo terminaron: rompiendo el compromiso. Desde que empezó a estar con él, le cambió el carácter. Se volvió dócil, sumisa... ¿y para qué? ¡Para que le pasaran por encima!

Viéndolo tan alterado, el asistente trató de calmarlo.

—La señorita León se ve serena y centrada. Ya no tiene la vivacidad de antes, es cierto, pero al menos se dio cuenta de la clase de persona que es Alexis. Eso debería tranquilizarlo.

Héctor dejó escapar un largo suspiro.

—Tienes razón, lo pasado ya quedó atrás. Solo espero que no se quede atrapada en ese dolor. Vamos, regresemos a casa.

***

—Sube.

Rafael la tomó por la cintura, puso la mano sobre el marco de la puerta para cubrirle la cabeza y la ayudó a entrar con delicadeza. Solo cuando ella estuvo adentro, subió él. El auto arrancó despacio.

Unos instantes antes, otro auto había salido del estacionamiento de la empresa. Héctor, desde el interior, alcanzó a ver a Vanessa a lo lejos junto a un hombre. El sujeto estaba de espaldas y no pudo distinguirle la cara, pero por su porte y la forma en que vestía se notaba que era alguien de clase. El corazón le dio un vuelco. “¿Será Alexis?” Si esa muchacha seguía aferrada a él, iba a tener que sentarse a hablar con ella muy en serio. Volver con él sería como tragarse una navaja: la iba a destrozar por dentro.

***

Vanessa jamás se lo habría imaginado. Después de subir al estudio a guardar los discos, bajó y descubrió que Rafael había preparado una parrillada de res. El aroma intenso de la mantequilla le inundó la nariz.

Caminó hasta el comedor con cara de asombro.

—Dijiste que ibas a cocinar y ¿preparaste esto?

Él llevaba pantalón negro, camisa blanca con las mangas enrolladas hasta los codos y un delantal puesto. Con esa cara atractiva y ese aire paciente y elegante, proyectaba la imagen perfecta de un hombre de hogar.

En el salón no había rastro del servicio, pero la mesa estaba repleta de ingredientes frescos.

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