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El Arquitecto De Mi Refugio romance Capítulo 344

Ricardo observó la alegría desmedida de su jefe y asintió, siguiéndole la corriente.

—Por supuesto.

Rafael sonrió a medias.

Ricardo se preguntó: “¿Este es el mismo director ejecutivo que conozco?”. Todos decían que era el demonio de los negocios, pero frente a la señora se convertía en el hombre más atento del mundo.

Las puertas del elevador se abrieron. La secretaria esperaba afuera con gesto inquieto.

—Señor Cisneros, la señorita Zárate llegó. Lo espera en la sala de descanso.

La expresión de Rafael se volvió seria.

—¿Qué hace aquí tan temprano?

La secretaria no se atrevió a responder y miró a Ricardo buscando una respuesta.

—Ignórenla. Avisen que ya empieza la junta —ordenó Rafael.

Con paso largo y decidido, se dirigió a la oficina principal. Ricardo, sin sorprenderse en lo más mínimo, asintió a toda prisa.

—Sí, señor.

***

Vanessa terminó de publicar en sus redes sociales y se puso a revisar los discos de vigilancia.

Como ya habían pasado demasiados años, los discos tenían las fechas marcadas solo de forma aproximada, así que necesitaba revisar los siete volúmenes completos. Para ahorrar tiempo, programó un código que etiquetaba con precisión las marcas temporales, lo cual permitía al sistema filtrar por fecha. Fue una buena jugada: el proceso se agilizó bastante.

Sin embargo, revisó los primeros seis discos y ninguno contenía la fecha del incidente.

—¿Cómo es que no hay nada?

Vanessa se alarmó. Tomó el último disco y lo insertó con todas sus esperanzas puestas en él.

En ese momento, le entró una llamada de su tío.

—Vane, tu tía dice que tiene años sin verte y te extraña mucho. Quiere saber si puedes venir esta noche a cenar con nosotros.

La voz de Héctor sonaba apremiante, como si estuviera dispuesto a ir por ella y llevársela a rastras si se negaba. Antes de que Vanessa pudiera contestar, al otro lado del teléfono la tía Graciela le quitó el aparato.

—Vane, te extraño mucho. Han pasado tantos años sin vernos, y tu tío varias veces quiso llamarte, pero le daba pena. Dime, ¿podrías darme el gusto de venir a cenar con nosotros esta noche?

Vanessa los escuchó y sintió algo de culpa.

—Claro, voy en la noche.

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