Capítulo 641
Vanessa le tomó la mano enseguida para calmarla.
Al verla tan asustada, se enfureció y le dio lástima al mismo tiempo. Cuando por fin logró tranquilizarla, Bianca terminó contándole lo ocurrido.
Eso de un suicidio por amor era una broma de mal gusto. Bianca estaba en casa viendo una miniserie, esperando a que Margarita volviera de hacer las compras y le preparara algo rico.
Lo que no imaginó fue que varios hombres irrumpieran en la casa y la obligaran a tragarse a la fuerza todas las pastillas para dormir que ella tomaba contra el insomnio.
Eran dos o tres. La inmovilizaron de pies y manos, y por más que forcejeó no le sirvió de nada. Poco después, la droga le hizo tanto efecto que perdió el conocimiento sin siquiera poder pedir ayuda.
Bianca todavía se angustiaba al recordarlo; se aferró nerviosa a la mano de Vanessa y la miró inquieta.
—Por cierto, en ese momento estaba medio inconsciente y me dijeron: Si quieres culpar a alguien, cúlpate por no saber hasta dónde puedes llegar, por pretender algo que no te corresponde. Y dijeron que habías sido tú quien me mató.
También le habían ordenado que, después de muerta, volviera de la tumba a perseguir a Vanessa.
Pero Bianca no dijo eso, por miedo a que Vanessa se sintiera culpable. Vanessa ya no tenía dudas. Que hubieran drogado a Bianca con somníferos era obra de Édgar.
Querían presionarla para que dejara a Rafael.
Esos métodos tan retorcidos no se diferenciaban en nada de los de Yolanda. Si Margarita no hubiera llegado a tiempo a la casa, no hubiera visto lo que pasaba ni llamado a la policía, Bianca habría muerto.
—Perdóname, Bian, venían por mí y te arrastré a esto —dijo Vanessa con remordimiento.
Bianca seguía muy débil, pero no quería que Vanessa se atormentara; le apretó la mano y la consoló un buen rato.
—Pase lo que pase, la culpa no es tuya, sino de esa gente perversa.

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