Bianca respondió con una sonrisa cortés.
—Así es.
Al decirlo, volvió la vista hacia Sergio, aunque apenas la sostuvo un instante. Sus miradas no llegaron a cruzarse. Sergio la observó con calma y luego apartó la suya. Bianca no notó nada y, como si tal cosa, se acomodó hacia el fondo del ascensor.
Andrea y Sergio entraron uno tras otro. En aquel espacio tan reducido, Bianca sintió que le faltaba el aire. Andrea buscó algún tema de conversación.
—Señorita Torres, ¿ya se recuperó de la lesión del pie?
—Me recuperé muy bien; ya no es nada grave —contestó Bianca, por compromiso.
No tenía suficiente confianza con Andrea para ponerse a conversar. Andrea, en cambio, pensaba distinto y se las ingeniaba para hacerla hablar.
—La señorita Torres es modelo y, para una modelo, los pies son fundamentales. Sergio, se nota que eres buen médico; el hecho de que se recuperara tan bien y tan rápido habla de tu habilidad.
—Solo cumplí con mi trabajo —respondió Sergio con frialdad.
Bianca estaba a un lado; los otros dos quedaron enfrente, de lado hacia ella. Con solo alzar la mirada, se encontraba con la expresión serena y refinada de Sergio. Bianca lo miró apenas un segundo y apartó la vista. Sonrió a duras penas.
—Uno de estos días le mandaré al doctor Villalobos una placa, para agradecerle como se debe su talento como médico.
Andrea no dejaba de sonreír mientras la estudiaba.
—No imaginé que la señorita Torres tuviera una forma tan original de dar las gracias.
Bianca no respondió. Ya estaba fastidiada. Esa charla forzada no tenía ningún sentido. Tampoco imaginó que bajar más de diez pisos pudiera tardar tanto.
Tardaba tanto que ya no soportaba seguir ahí parada. Por suerte, cuando ya estaba resignada, el ascensor llegó por fin a la planta baja. Las puertas se abrieron y Andrea salió primero.
Cuando Sergio estaba por salir, giró de pronto la cabeza y la miró de reojo tras los lentes.
—No hace falta la placa. Puede pensar en otra forma de agradecérmelo, señorita Torres.


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