—Abuelo.
Después de tanto tiempo sin escuchar a su abuelo, a Vanessa se le saltaron las lágrimas. La emoción no le dejó cabeza para nada más y bajó corriendo a verlo.
Iba a ver a su abuelo. De camino, Rafael, que había intentado llamarla varias veces sin éxito, por fin logró comunicarse.
—Vanessa, ¿dónde estás?
Estuvo a punto de soltarle, sin pensarlo, que su abuelo había despertado. Pero algo se le cruzó por la mente y se tragó las palabras a tiempo.
—Salí a resolver unos asuntos con Daniel, ¿por qué?
Tenía el corazón descontrolado y, aunque intentaba contenerse, la voz le temblaba de emoción.
Rafael apretó el celular entre sus dedos, cerró la mano poco a poco y, al cabo de un momento, el gesto tenso se le aflojó. Su voz seguía siendo suave.
—Bien, entonces ocúpate de lo tuyo.
—Sí.
Vanessa estaba tan feliz que colgó sin titubear; ya solo pensaba en su abuelo. A Ricardo le bastaron diez minutos para averiguar qué ruta había tomado Édgar.
—Señor Cisneros, el señor Édgar va al hospital. ¿Será que…?
Ricardo no terminó la frase. Quería preguntar si Édgar iba al hospital donde ahora estaba internado el abuelo Roberto. Después de trasladar al abuelo Roberto a otro hospital, la señora se llevó a doña Juana y no le reveló a nadie más su paradero.
Salvo Vanessa y Daniel, ni siquiera Rafael y Ricardo sabían dónde estaba. Rafael volvió a fruncir el ceño; se le oscureció la expresión.
—Síguelo.
—Sí.
***
Vanessa llegó sola a la habitación, a toda velocidad. Era la casa de seguridad, el lugar al que Daniel había trasladado al abuelo Roberto una hora antes. La casa de seguridad estaba equipada con todo el equipo médico necesario.
El edificio de enfrente funcionaba como hospital. Vanessa tuvo que pasar varios controles de acceso con tarjeta antes de entrar. El cuarto estaba lleno de equipo médico; Daniel y el profesor Ulloa hacían guardia junto a la cama.
—Por fin despertaste, ¿sabes? Casi me matas del susto.
Ya no quedaba nada de la dureza y la altivez de esos días, ni de aquella serenidad madura y resuelta.
Ahora Vanessa rebosaba de alegría. Como una niña pequeña, se recostó sobre el pecho de su abuelo y lo abrazó con fuerza.
—No me puedes dejar, eres lo único que tengo. Prométeme que vas a vivir muchos años.
El abuelo Roberto le puso una mano en la cabeza y la acarició con ternura.
—Está bien, te lo prometo, voy a vivir muchos años.
—Ya no llores. Si se te hinchan los ojos de tanto llorar te vas a poner fea, y entonces ya no serías la mujer más bella de Cartaluz.
Por lo visto, su abuelo realmente estaba bien; hasta tenía ánimo para bromear. A Vanessa se le escapó la risa.
—No me importa. ¡Qué bella ni qué nada! Estoy llorando de alegría.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)
Me pueden decir en qué momento se aman felices Vanessa y Rafael? Ya estoy aburrida de leer lo mismo...
Cómo se obtienen bonos?...
Es la única manera de desbloquear más capítulos, no hay forma para ver videos promocionales o algo así?...
Suban más de Bianca y Sergio esa historia está más interesante ahora...
Porque tengo que pagar si dice "completamente gratis" antes de ingresar a la página????...
Demasiado vuelta para lo mismo , la escritora se le fue la paloma...
Pago por los capítulos y me salen incompletos…....
Uuuyy es desesperante Vanessa y Rafael que no se hablen con la verdad, y ya despues de 728 capitulos que todavia no sepa quien la salvo es exagerado....