Las lágrimas no dejaban de caerle; estaba conmovida y eufórica. La espera había valido la pena. Su abuelo por fin había despertado. Aun así, le parecía irreal.
—Está bien, está bien, lo que tú quieras. Mi niña, ¿quién te manda a ser mi consentida? —El abuelo Roberto reía con ternura. Aunque tenía la cara demacrada y consumida, en ese momento desbordaba alegría y cariño—. Eres mi tesoro, mi niña, a quien más quiero. Y tú haz lo que quieras, mientras seas feliz… Mi niña no tiene por qué sufrir por nada.
Roberto murmuraba despacio; la mano se le movía cada vez más lento y los párpados se le cerraban. Se quedó dormido mientras hablaba. Al verlo dormido, Vanessa se levantó y salió de la habitación con el profesor Ulloa para conocer su estado.
—El señor León ya despertó, pero estuvo mucho tiempo en coma y todavía está muy débil. Estos días debe descansar bien y hay que cuidar la alimentación; no puede comer mucho de una sola vez, y menos cosas demasiado pesadas.
Al escuchar las indicaciones del profesor Ulloa, Vanessa por fin terminó de creerlo.
—¿Mi abuelo ya está del todo bien? ¿No va a volver a caer en coma? —preguntó, sin acabar de tranquilizarse.
El profesor Ulloa comprendió cómo se sentía y rio con franqueza.
—Tranquila, despertó y eso es lo importante. A partir de ahora solo hay que ayudarlo a recuperarse poco a poco.
Tras escuchar unas cuantas indicaciones más del profesor Ulloa, Vanessa quedó profundamente agradecida.
—Gracias, profesor Ulloa. En todo este tiempo le causé muchas molestias, espero que me disculpe. —Le entregó un cheque.
Ocho ceros. Al ver el cheque, el profesor Ulloa la miró otra vez con admiración.
—Lo hiciste por amor a tu abuelo, no puedo reprocharte nada, lo entiendo. Pero esto es demasiado.
—No es demasiado. Usted lo merece, y mi abuelo merece todavía más cuidados. Por favor, acéptelo.
Vanessa se mantuvo firme, respetuosa y cortés con él. Así, el profesor Ulloa dejó de reprocharle que antes hubiera sido tan impositiva, prácticamente encerrándolo para que tratara a su abuelo. El profesor Ulloa aceptó el cheque y se fue. Daniel salió de la habitación con la tablet.

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