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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 658

—Esta vez corriste con suerte. La próxima, si te atreves a meterte con mi gente, sobre todo con mi abuelo, no voy a controlarme.

Vanessa colgó el celular y se puso seria. No imaginó que un descuido echaría todo a perder. Al final la descubrieron.

También era culpa suya. Con tal de no poner en riesgo a su abuelo, había arriesgado el todo por el todo y le había pedido a Daniel que consiguiera a un anciano de edad y aspecto parecidos a los de su abuelo para que hiciera el papel.

El maquillista era muy habilidoso; la caracterización quedó convincente y dejó al anciano casi idéntico a su abuelo. Aun así, Édgar lo descubrió.

—Señorita, ya desmontaron las cámaras ocultas y el plan fracasó. ¿Qué hacemos ahora?

Preguntó Daniel; ya no podía ver lo que ocurría en la habitación del hospital. Vanessa no se desanimó. Al menos eso bastaba para que Édgar supiera que ella no era ninguna presa fácil.

—Llama y diles que lleven al anciano de regreso, que lo cuiden bien y que lo dejen sano y salvo en su casa.

Aunque ese anciano no tenía problemas de salud y, además, era un actor profesional, Édgar era cruel y despiadado, y Vanessa no terminaba de quedarse tranquila, así que insistió en ese detalle.

Daniel asintió y llamó enseguida a sus hombres apostados en la habitación.

Por su parte, después de que le colgaran, Édgar estuvo a punto de estrellar el teléfono de puro enojo. Clavó una mirada feroz en el viejo que estaba en la cama.

El viejo fingía dormir y no se atrevía a abrir los ojos. Édgar no pudo contener la furia y lo agarró por el cuello de la camisa para levantarlo.

—¿Hasta te atreves a engañarme a mí? Te dejaré vivir para ganarte el dinero, pero no para gastarlo, para que veas.

Al viejo se le corrió todo el maquillaje y, muerto de miedo, se apresuró a pedir clemencia. Solo cobraba por hacer un trabajo, así que le pidió que se calmara.

Édgar dijo con saña:

—¿Sabes que casi me arruinas? ¿Y todavía quieres que te perdone? Cuando recibiste el dinero, ¿por qué no pensaste si debías meterte en esto?

—¿Esto es lo que andabas haciendo? Asesinar, amenazar… Padre, vaya que me has enseñado muchísimo.

Édgar entrecerró su mirada oscura.

—No me vengas con sarcasmo. ¿A qué viniste?

Pareció darse cuenta de algo y su mirada entornada se volvió helada.

—¿Viniste a darme una lección, a mí, tu padre, por culpa de Vanessa? ¿O viniste a dar la cara por ella, a poner el deber por encima de tu familia?

Rafael mantenía una calma glacial. Esbozó una sonrisa cruel, pero en el fondo de sus ojos solo había dureza.

—Si tanto quieres acabar encerrado como mi madre, puedo darte el gusto.

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