Capítulo 677
Era Alexis. Rafael también lo notó. En ese momento hablaba con entusiasmo con Héctor sobre algo, mientras miraba en su dirección con un destello de petulancia.
—No sé por qué vino, y encima trajo un montón de regalos, pero tu tío y yo no pensábamos invitarlo a comer —se apresuró a explicar Graciela, por miedo a que lo malinterpretaran.
Lo que más le preocupaba era que Rafael se llevara una idea equivocada.
Después de todo, Vanessa había sido novia de Alexis durante cinco años, y aunque ya habían terminado, ese pasado seguía pesando.
Vanessa adivinó lo que le preocupaba a Graciela y le dio unas palmaditas en la mano.
—No importa. Deja que se vaya y ya.
Vanessa miró a Rafael. Los dos se entendieron al instante. Héctor estaba incómodo.
—Alexis trajo un montón de suplementos. Son regalos demasiado caros, ¿cómo los vamos a aceptar? Llegaste justo a tiempo, Rafael. Alexis es tu hermano, convéncelo de que se lleve los regalos.
Rafael asintió y se volvió hacia Alexis, serio y con una mueca burlona. Antes de que pudiera hablar, Alexis se le adelantó.
—Cuando estaba con Vanessa, no tuve muchas oportunidades de venir a visitarte, tío, y con el problema que tuviste hace unos días, lo correcto era que viniera a demostrarte mi preocupación.
Vanessa ya no aguantó más. Si de hipocresía se trataba, si Alexis quedaba en segundo lugar, nadie se atrevería a reclamar el primero.
Cuando eran novios, fuera que ella quisiera que Alexis la acompañara a casa de los León para cenar con el abuelo, o que en las fiestas tuvieran que visitar al tío, él siempre se negaba.
Ahora resulta que venía por iniciativa propia. Su intención saltaba a la vista. Rafael se metió las manos en los bolsillos, arqueó una ceja y sonrió de manera burlona.
—Vanessa era joven, no sabía lo que hacía y jugó cinco años a la casita contigo; si acaso, fue un capítulo vergonzoso de su vida. Tú sí te lo tomaste en serio y no dejas de mencionarlo. Ahora es mi esposa ante la ley. Deberías llamarla cuñada.
Rafael lo dijo con porte imponente y una mirada fría y oscura; cada palabra sonaba a advertencia. A Alexis se le descompuso la cara y se quedó sin palabras. Quedó en ridículo.

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