Capítulo 294 Vanessa simplificó las cosas.
—¿Ella es la persona especial para ti? ¿Hace un momento me abrazaste frente a ella solo para hacerla enojar?
Los ojos oscuros de Rafael se iluminaron con una sonrisa cómplice. Respondió a cada pregunta: —Primera pregunta: no es mi persona especial.
Segunda: tampoco fue para hacerla enojar.
Vanessa lo miró, estudiando cada cambio en su expresión. Pero fue inútil. Rafael mantuvo un gesto inexpresivo; no había rastro de falsedad.
Pensándolo bien, alguien como él no se rebajaría a mentir. Después de haber repetido varias veces que Camila no era su persona especial, era más que obvio que decía la verdad.
Vanessa sintió alivio. Mejor así. Ya no tenía nada más que preguntarle.
—¿La señora Cisneros cree que la estoy usando?
—Rafael inclinó la cara hacia ella y la estudió de cerca con una mirada inquisidora.
Ella sonrió sin que le llegara a los ojos.
—Tengo mis dudas.
Era demasiado claro, en definitiva. Se apartó de Rafael y fuea sentarse en el sofá. Tomó el cojín que estaba al lado y lo abrazó contra su regazo.
Pensándolo con calma, no'sabía nada del pasado de Rafael. El bebé que Camila había perdido, ¿sería de los dos? Qué había pasado entre ellos, todo eso lo desconocía.
Rafael cargó su cuerpo sobre ella y la acorraló contra el sofá.
—Cariño, no olvides que nuestra fiesta de presentación ya está cerca.
Vanessa no lo había olvidado, pero le preguntó, extrañada: —¿Todavía planeas hacerla pública?
—¿Qué? ¿Te arrepentiste? ¿No quieres que la gente sepa que soy tu esposo? —Rafael apretó con fuerza su cintura.
Su cercanía le resultaba sofocante. Vanessa sintió cosquilleo y dolor; su expresión cambió apenas.
Vanessa repasó mentalmente la escena del día. En el momento en que el auto chocó con la pared, las ruedas seguían girando sin control; en efecto parecía una falla. Pero el sistema lo había desarrollado ella misma.
Conocía a la perfección su nivel de madurez.
Aunque surgiera una falla, el sistema debía advertirle al conductor con anticipación para que detuviera el auto, reducir la velocidad del vehículo y, dentro de un tiempo determinado, frenarlo.
—Según lo que vi, el sistema sí presentó un problema. Sin embargo, los autos eléctricos que hay en el mercado actualmente, aunque todavía tienen ciertas limitaciones, ya son bastante confiables. —Vanessa habló sin apresurarse—. El sistema debió de ser alterado. Alguien lo modificó.
Rafael puso cara seria. Un segundo después sonó su teléfono: era la llamada de uno de los ingenieros.
—Señor Cisneros, los análisis confirmaron que sí es un problema del sistema, aunque...
—¿Aunque qué?
—Los datos del sistema fueron manipulados en secreto, y eso causó el colapso...
Rafael levantó la mirada hacia Vanessa al escuchar eso. Él abrió apenas los ojos; en su mirada oscura brilló un chispazo de sorpresa.

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