A Édgar ya le había parecido extraño que lo apartaran del cargo de director interino del consejo. Pero en ese momento no sabía nada del accidente de Vanessa y no se preocupó.
No fue hasta esa noche, cuando escuchó mencionarlo a un subordinado de Aníbal, que entendió la magnitud de lo ocurrido.
—Papá, ¡dime! ¿Qué pasó? —Alexis se moría de angustia.
—¡Cierra la boca! —gritó Édgar, fuera de quicio.
—Si no hubiera tramado todo esto por tu bien, jamás habríamos llegado a este punto.
Alexis sintió que el mundo se le venía abajo. Así que sí tenía que ver con él. Todo ese tiempo se había esforzado por acercarse a Vanessa, decidido a reparar el daño y ganarse su perdón.
Pero sus padres le echaron a perder varias oportunidades e incluso intentaron matarla.
—¿Por qué? Aunque quisieran que yo estuviera con Vanessa, no tenían por qué ordenar que la mataran. Aunque la quiera, ahora es la esposa de Rafael. ¿Por qué hicieron algo así?
Alexis preguntó, dolido y sin entender, agarrándose el cabello como un loco. No sabía ni cómo volver a ver a Vanessa. Al verlo así, a Édgar le hirvió la sangre y lo agarró con fuerza del cuello de la camisa.
—Rafael se dejó llevar por lo que siente y le regaló a Vanessa el veinte por ciento de las acciones del Grupo Firax. ¿Ahora tú también vas a hacer una estupidez? Después de todo lo que pasó, ¿crees que todavía puedes estar con ella? Por muy tonta que fuera, jamás volvería a elegirte a ti, ¡¿entiendes?! ¡Rafael está decidido a destruirme, a destruir todo lo que a la familia Cisneros le costó tanto construir! ¡Si vas a seguir muriéndote de amor por una mujer, lárgate de la familia Cisneros!
Édgar lo soltó de un empujón rabioso y, exasperado, se aflojó la corbata de varios tirones. Alexis se dejó caer en el sofá, deshecho, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. Pensar en Vanessa le partía el alma, pero sabía que su padre tenía razón.
Por ahora solo habían echado a su padre de la sede corporativa; muy pronto le tocaría el turno a él. Si no luchaba por lo suyo, al final se quedaría sin nada.
—¿Y ahora qué hacemos? ¿Todavía podemos conservar Firax?

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