Sergio señaló la cámara de seguridad que estaba un metro por encima de su cabeza. Habló con lentitud; sus palabras no eran una amenaza, pero sonaron peor que una.
—¿Quieres ir a la delegación o prefieres largarte?
Joel Cervantes apretó los puños. Nada le molestaba más que las amenazas. Pero recordó quién era Sergio. Si hacía un escándalo, acabaría metido en problemas. Decidió no discutir con Sergio. Se inclinó hacia el oído de Bianca y sonrió con malicia.
—Guapa, ya nos divertiremos en otra ocasión.
Bianca apartó la cara, incómoda. ¿No podía hablar sin pegarse tanto? La mirada de Sergio se endureció apenas. Cuando Joel se fue, Bianca mostró su aburrimiento sin disimulo.
—¿Viniste hasta acá solo para espantarme a mi hombre?
Sergio se detuvo frente a ella. La sombra le ocultaba la cara y sus ojos claros no revelaban emoción alguna.
—Voy a llevarte a casa. Vamos.
Se dio vuelta y echó a andar. Aunque habló con calma, su tono no admitía negativas. Su actitud distante hizo que Bianca riera con exasperación. ¿Para qué había ido hasta allí si tanto le desagradaba verla?
Lo alcanzó, se le puso enfrente y le cerró el paso.
—Puedo pedir un taxi. Apenas nos conocemos, así que no tienes que llevarme a casa solo por Vanessa.
Después dio media vuelta para regresar al bar. Cuando pasó junto a Sergio, este la sujetó de la muñeca y le dirigió una mirada hostil.
—Qué bueno que lo tengas claro.
Luego la llevó por la fuerza hasta el auto, la hizo subir y se fue. Leonardo se quedó solo y muy aburrido. Primero se había ido Joel y luego Sergio y Bianca.
Sacó el celular y vio que había una conversación en el grupo del trabajo. El director elogiaba el nuevo guion de Fernanda y el éxito de la serie estrenada dos días antes. La conversación le recordó la época en que Vanessa aún escribía guiones.

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