Rafael posó una mirada profunda en Vanessa, como si quisiera expresarle toda su resignación.
Vanessa tenía el contorno de los ojos enrojecido. Lo miraba entre brumas; la vista se le nublaba tanto que Rafael parecía tener varias cabezas.
Estaba borracha. Hasta alucinaba y veía a Rafael multiplicado.
—Eres un desgraciado.
Recordó que él quería divorciarse y frunció los labios, dolida. Luego le pellizcó la cara con todas sus fuerzas. Sin embargo, nunca había tenido mucha fuerza y el alcohol la había debilitado. Sus pellizcos parecían caricias.
—Ya no me gustas nada. ¡Nada!
Vanessa estaba resentida. Se le hizo un nudo en la garganta, se le humedecieron los ojos y las lágrimas le corrieron por el puente de la nariz.
Verla llorar angustió aún más a Rafael. Al parecer, estar a su lado la hacía sufrir. Rafael podía entenderlo.
A los ojos de Vanessa, ella había soportado demasiadas injusticias. Pero ¿qué podía hacer él para complacerla? Ya daba igual.
Después de todo, ella no lo amaba.
—Duerme.
Rafael le apartó la mano y trató de calmarla con voz ronca. Vanessa se incorporó sin soltarle el brazo, rozó su mejilla contra la de él y luego le rodeó el cuello con ambos brazos, negándose a soltarlo.
—Duerme conmigo y quédate a mi lado. Aunque cuando despierte, ya no vas a estar...
En ese estado, no se parecía en nada a la Vanessa de siempre. Rafael apartó la mirada por un instante y le retiró los brazos.
—Vanessa, ¿sabes lo que estás haciendo?
—Sí. Quiero abrazarte. Aunque nos divorciemos, voy a abrazarte.
Vanessa habló cada vez más bajo. Los párpados le pesaban tanto que casi no podía abrir los ojos y acabó recostada contra Rafael; su aliento cálido le rozaba de vez en cuando la piel detrás de la oreja.
Vanessa despedía un aroma dulce con un ligero dejo de alcohol. Poco a poco, su respiración se volvió acompasada. Se quedó dormida. Rafael frunció apenas el ceño, la recostó con cuidado y la arropó.
Después atenuó la luz de la lámpara de noche y salió de la habitación sin hacer ruido.
Ya entrada la noche, Federico y Rodrigo bebían en el Club Cúspide y hablaban de cómo Vanessa había intentado sondear a Rodrigo.
—Aunque ahora ella y Rafael están mal, nadie sabe cuándo podría cambiar la situación. Que yo sepa, Rafael acaba de llevársela del bar.

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