Además de cobrar el cheque que Vanessa le había dado, Susana tenía más de un millón de dólares en su cuenta antes de irse.
Susana era una empleada bancaria común. No tenía propiedades en Cartaluz y vivía en una casa vieja y diminuta que difícilmente encontraría comprador.
Era muy extraño que una cantidad así apareciera sin explicación en su cuenta. Vanessa ató cabos enseguida y se alarmó.
—¡Susana lo sabe!
Quizá supiera desde hacía tiempo que Alexis había causado la muerte de su madre. Daniel no entendía a qué se refería.
—¿Qué sabe?
—Puede que sepa que Alexis asesinó a doña Marta.
Vanessa le pidió a Daniel que averiguara quién había transferido ese dinero a la cuenta de Susana. Daniel obtuvo la respuesta en menos de diez minutos. Como sospechaba, Alexis había transferido el dinero.
Con ese dinero, lo lógico era que Susana pudiera vivir cómodamente con su hija en Cartaluz, sobre todo porque la educación en la ciudad era de mucha mayor calidad que la de Puerto Técnico.
Toda madre quiere darles a sus hijos lo mejor posible. Sin embargo, Susana se fue con demasiada prisa. Estaba claro que algo no cuadraba. Ese dinero podía ser una compensación que Alexis ofrecía por la muerte de Marta, pero Vanessa lo conocía bien.
El dinero parecía más bien un pago para comprar el silencio de Susana sobre algo importante.
Ella le había dicho que había escuchado la grabación, pero debía de haber omitido deliberadamente parte del contenido cuando se lo contó.
¡Tenía que encontrarla para averiguar la verdad!
—Encuéntrala. Estoy segura de que conoce todo el contenido de la grabación.
Vanessa respiró hondo. El descubrimiento la emocionaba y decepcionaba a la vez.
—Sí, señorita. Me encargaré enseguida.
—Hazlo con discreción. Mucha gente me vigila; no permitas que nadie descubra que la estoy buscando —insistió Vanessa sin ocultar su inquietud.

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