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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 784

Bernardo León Vargas colaboró con la justicia al admitir su culpabilidad y fue condenado a ocho años de prisión. Los delitos de Cristóbal Montiel eran más graves y Cristóbal fue condenado a doce años.

Yolanda se mostró hostil y no expresó arrepentimiento, por lo que fue condenada a cadena perpetua.

Al escuchar sus condenas, Bernardo y Cristóbal agacharon la cabeza con resignación. Durante esos dos meses, ambos habían adelgazado mucho. Al conocer sus condenas, hasta suspiraron de alivio.

Yolanda, en cambio, hizo un escándalo e insultó al juez, a quien llamó incompetente.

—¡Apelaré! ¡Esto fue una trampa!

Vanessa y Rafael se encontraban entre el público. Vanessa la observó con dureza, sin compasión alguna. Para ella, aquel desenlace era del todo justo. Cuando Yolanda los vio, les lanzó una mirada feroz; tenía los ojos enrojecidos por la rabia.

Su furia se concentró en Vanessa. Aferrada a la baranda del banquillo, miró a Vanessa con tal odio que parecía dispuesta a matarla.

Los guardias se la llevaron. Al concluir la audiencia, las autoridades dispusieron el traslado de los tres a prisión. Yolanda sería trasladada por separado al penal de mujeres.

El penal estaba en una zona muy apartada. Yolanda permanecía sentada en el vehículo, indiferente. Movía los labios en silencio mientras contaba los segundos.

¡Pum!

De pronto, una camioneta embistió la patrulla, que se estrelló contra la barrera de contención de la carretera de montaña y quedó inmovilizada. Tres camionetas frenaron junto a la patrulla.

Las puertas se abrieron de golpe. De ellas bajaron más de una docena de asaltantes encapuchados y armados con metralletas. Avanzaron en formación y abrieron fuego contra los policías. La reducida escolta no pudo responder.

Los asaltantes sacaron a Yolanda del vehículo y la liberaron. Los agentes resultaron heridos, pero ninguno perdió la vida. Tras salir del tribunal, Vanessa y Rafael se reunieron en una cafetería con Verónica y el resto del grupo.

—Vas a estar bien, ¿verdad? —preguntó Leonardo Soto con inquietud.

Una cosa era aceptar la justicia y otra, lidiar con los sentimientos. Aunque Rafael fuera muy racional, Yolanda seguía siendo su madre; esa realidad no cambiaba, y era inevitable que la condena lo afectara.

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