—Papá, ya rescataron a mamá, pero ¿qué vamos a hacer contigo?
Al principio, Alexis no sabía nada del plan de rescate. Édgar se lo contó de antemano para tranquilizarlo y asegurarse de que siguiera las indicaciones. Édgar llevaba varios días en el hospital. Como todavía no se había recuperado, no podía levantarse de la cama.
Desde que supo que pasaría el resto de su vida en una silla de ruedas, no conseguía asimilarlo. Había pasado varios días abatido, pero se animó cuando Alexis le dio la noticia.
—¿En serio lo lograron?
—Así es. Mamá está a salvo con ellos, pero deben salir del país cuanto antes. Toda la policía de Cartaluz los está buscando.
—No, todavía no puede salir del país —se apresuró a responder Édgar.
Alexis, confundido, preguntó:
—¿No habías planeado que salieran del país en cuanto la rescataran? Papá, ¿qué te pasa?
Sentía que algo estaba mal, aunque no sabía qué.
Por un instante, la expresión de Édgar delató que tramaba algo. Le apretó la mano y dijo:
—Tu mamá y yo llevamos décadas casados. Mira cómo estoy ahora. Si se va del país, quizá no volvamos a vernos durante el resto de nuestras vidas.
Alexis sonrió al comprender que eso era lo que le preocupaba. Después de tantos años, sus padres seguían unidos.
En particular, lo consentían y querían muchísimo. Aunque vivía a la sombra de Rafael, sus padres siempre lo complacían y apoyaban muchas de sus decisiones.
De lo contrario, lo habrían obligado a casarse con Vanessa tres años antes.
En ese entonces no sabía nada y detestaba la actitud de niña rica de Vanessa, así que pospuso varias veces la boda.
Ahora ella no solo había terminado con él, sino que además se había convertido en su cuñada. No podía aceptarlo y la situación le despertaba un odio profundo.

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