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El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael) romance Capítulo 794

A Vanessa aún le daba miedo recordar las heridas que había sufrido. Asintió sin protestar y respondió:

—Lo tendré en mente. Mírate, ya te pusiste a darme sermones.

Rafael la miró desde el otro lado de la mesa y le sonrió con ternura, sin ofenderse.

—Para mí, no hay nada más importante que mantenerte a salvo.

Las palabras de Rafael reconfortaron a Vanessa. La conmovía saber que Rafael se preocupaba tanto por ella. Entonces recordó que aún no le había contado el contenido de la grabadora de voz.

Rodrigo Zárate habló con tono burlón a sus espaldas.

—Así que usted no responde mis llamadas ni mis mensajes porque prefiere retomar una vieja relación, ¿eh?

Rodrigo sacó a Vanessa de sus pensamientos. Cuando alzó la mirada, él ya se había acercado a la mesa. La expresión de Rafael perdió toda ternura y él fulminó a Rodrigo con la mirada.

—Parece que le molesta vernos felices, señor Zárate. ¿Qué ocurre? ¿Tan mal le va?

Rodrigo se puso serio y respondió con desprecio:

—¿Tan seguro está de que su matrimonio es feliz, señor Cisneros? De ser así, la señorita León no se habría emborrachado ni habría terminado conmigo en un hotel.

A Vanessa le parecieron vulgares sus palabras. Lo miró con disgusto y respondió:

—Señor Zárate, le pido que mida sus palabras. De no ser porque me salvó la vida, podría denunciarlo por haberme llevado a un hotel sin mi consentimiento y haber difundido rumores en internet.

Vanessa siempre procuraba devolver los favores. Rodrigo la había ayudado varias veces y le había salvado la vida; por eso procuraba mantener cierta cortesía con él. Sin embargo, Rodrigo se había pasado últimamente. Vanessa no podía tolerarlo, pero tampoco quería llegar al extremo de enfrentarlo abiertamente.

Pensó en recompensarlo por haberla salvado. Pero Rodrigo no necesitaba dinero; no podía saldar la deuda con una simple recompensa.

—No imaginaba que la señorita León fuera tan despiadada como para tratar así a su salvador. —Rodrigo se burló de ella.

Al escuchar que se llamaba a sí mismo su salvador, Vanessa no pudo disimular su enojo. Llevaba mucho tiempo buscando a quien le había salvado la vida, pero aún no lograba encontrar a esa persona.

—Me salvó la vida y le estoy muy agradecida, señor Zárate. También pensé en recompensarlo, pero usted no quiso aceptar nada, ¿o sí?

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