—¿Estás celoso? Perfecto. Eso quería.
Rafael se sentó junto a Vanessa, llamó al mesero y pidió un café americano como el de ella. Vanessa sonrió. Tal como Vanessa esperaba, Rafael no había cambiado, cada vez que abría la boca, sacaba de quicio a alguien.
Leonardo guardó silencio.
Ignoró a Rafael, se volvió hacia Vanessa e insistió:
—Vanessa, acepta. Cuando llegue la gala, seguro que ganarás un premio.
Vanessa recordó todo lo que había ocurrido últimamente. Le preocupaba que la multitud la pusiera en peligro, así que miró a Rafael para saber qué opinaba.
—Si quieres participar, hazlo. Yo te apoyo —dijo Rafael con su tono cariñoso de siempre.
Vanessa sabía que Fernanda también había escrito recientemente los guiones de dos miniseries exitosas, y ambas estaban entre las diez más populares.
Con esas dos miniseries y las dos obras anteriores de Vanessa, Medios Vanguardia ocupaba cuatro de los diez primeros puestos. Aquello llenaba de orgullo a Leonardo.
La familia Soto llevaba años oponiéndose a que Leonardo emprendiera por su cuenta. Menospreciaban en especial su incursión en las miniseries, pues consideraban ese sector un negocio de poca categoría.
Aunque la empresa facturaba casi diez millones de dólares al año, los Soto seguían considerándola un negocio insignificante. Todo aquello se reducía a una cuestión de orgullo. Leonardo quería demostrarle a su familia de lo que era capaz. Vanessa sabía corresponder a quienes la ayudaban. Leonardo la había ayudado y, ahora que él la necesitaba, no podía negarse.
—Está bien, participaré.
—¡Qué bien! Tú y Fernanda se presentarán juntas y se llevarán el premio a las mejores guionistas del año —dijo Leonardo, cada vez más entusiasmado.
¡Así demostraría a su familia que podía triunfar sin depender de ellos!
Leonardo cumplió su palabra y le dio a cada una un regalo valuado en cien mil dólares. Como no sabía qué les gustaba, prefirió transferirles esa cantidad.
Al despedirse, Fernanda iba a pedir un taxi.
—Es hora de mucho tráfico y será difícil conseguir un taxi. Nosotros te llevamos —ofreció Vanessa.

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