Vanessa seguía furiosa por el abrazo que Alexis acababa de darle. Sin importarle ya la impresión que causara, le dio una patada.
Alexis intentó esquivarla por instinto, pero el golpe lo alcanzó en la entrepierna. Se quedó doblado, sujetándose la entrepierna sin poder moverse, con la cara desencajada por el dolor.
—Sí, estoy loca. ¿Quieres que te deje impotente para que sepas qué se siente?
Vanessa lo miró con furia y repulsión. Alexis no podía hablar por el dolor. Permanecía doblado en dos mientras se sujetaba la entrepierna. En ese momento, Rafael abrió la puerta de la oficina y entró a toda prisa. Ricardo entró detrás de él, visiblemente nervioso.
Ricardo se quedó boquiabierto al ver la escena. ¡Vaya si la señora era de armas tomar! ¿Le había dado a Alexis entre las piernas?
¡Se lo merecía!
—Rafi.
Al ver a Rafael, Vanessa lo llamó en voz baja mientras él se acercaba rápido.
La mirada oscura de Rafael reflejaba ternura, pero sobre todo preocupación cuando preguntó:
—¿Estás bien?
En cuanto salió del ascensor, su asistente se acercó para avisarle que Vanessa lo esperaba en la oficina, donde también estaba Alexis.
Rafael temió que hubiera ocurrido algo. Solo se tranquilizó al entrar y ver a Alexis doblado por el dolor. Era obvio que el único que estaba mal era Alexis.
—Estoy bien. El que tiene un problema es él. —Vanessa lo miró con repugnancia.
Ni siquiera intentó ocultar su desprecio. Rafael sabía desde hacía tiempo que Vanessa no amaba a Alexis, pero aun así se alegró al comprobar cuánto lo despreciaba.
—¿Te lastimaste? Volviste a olvidar lo que te dije: si quieres herir a alguien, no lo hagas tú misma —dijo Rafael con cariño.
Al pensarlo, Vanessa reconoció que podría haber actuado mejor y apretó la mandíbula, molesta.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Arquitecto De Mi Refugio (Vanessa y Rafael)