Vanessa no dudaba de sus palabras. Dos días antes, le pidió a Daniel que investigara su paradero y él averiguó lo mismo. En el pasado, Édgar y Yolanda consintieron en todo a Alexis. Durante años, él recibió cuanto quiso.
Si Alexis no hubiera provocado tantas veces a Rafael ni intentado entrometerse en los asuntos de la empresa, podría haberse pasado la vida como todo un Cisneros.
Pero nunca se sabe qué vueltas da la vida. Aquel Cisneros, antes tan consentido, no solo perdió su posición; ahora, Édgar quería matarlo. Eso demostraba que ese hombre era despiadado.
Por eso, a Vanessa no le sorprendía que, cuando Édgar creyó por error que Rafael no era su hijo, llegara al extremo de contratar a alguien para asesinarlo.
—Vanessa, ayúdame. Llevo un tiempo huyendo de quienes quieren matarme. Ya no sabía qué hacer, por eso le pedí a Emilio que concertara esta reunión contigo. Mi padre quiere matarme. Ayúdame, por favor.
Alexis parecía angustiado y aterrorizado. Tenía una actitud nerviosa y desorientada, y estaba mucho más delgado. Le suplicó sin parar a Vanessa; poco le faltó para arrodillarse ante ella, y a ella le costó quitárselo de encima.
—Esto es asunto de la familia Cisneros. No tiene nada que ver conmigo.
Alexis no podía creerlo.
—¿No vas a ayudarme?
—No puedo ayudarte ni quiero hacerlo.
Vanessa lo miró a los ojos con indiferencia.
—Durante todos estos años disfrutaste de la riqueza y el cariño que te dio la familia Cisneros. Tu madre, Yolanda, siempre te prefirió; Édgar te consintió y puso en tus manos todo lo que le correspondía a Rafael. Ahora, por todos sus crímenes, Yolanda pasará el resto de su vida en prisión, cumpliendo la condena que le impuso la justicia y pagando por todas las atrocidades que cometió. Se lo merece. En cuanto a ti... Tú solo estás devolviendo lo que nunca fue tuyo. ¿Y quieres que te salve? Alexis, dime, ¿de qué quieres que te salve?

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