—Señorita León, doña Juana acaba de decir que le duele la cabeza y empezó a recordar lo que pasó, incluso cuando la lastimaron en la casa de los Cisneros. Ahora estamos en el hospital, venga rápido.
Daniel sonaba emocionado. Vanessa vio que Rafael todavía estaba al teléfono; para no interrumpirlo, salió de prisa. En el camino, le envió un mensaje de voz:
“Rafael, tengo que salir un momento a atender un asunto. No te preocupes por mí”.
Unos quince minutos después, cuando Rafael terminó su llamada, vio el mensaje de voz. Tras escucharlo, le devolvió la llamada sin dudar:
—¿Por qué saliste tan apurada? ¿Pasó algo?
—Daniel me llamó para decirme que al parecer doña Juana recuperó la memoria y está en el hospital. Voy para allá a verla —explicó Vanessa, y luego añadió—: Como te vi al teléfono, no quise interrumpirte.
—¿Ya llegaste al hospital? Voy para allá a buscarte.
Rafael salió del estudio. Vanessa escuchó el ruido de la puerta al abrirse y se apresuró a intervenir:
—Todavía no, ya casi llego. No vengas; es muy cansado ir y venir. Voy a revisar la situación y, si todo está bien, regreso lo antes posible.
—No me quedo tranquilo...
Rafael no estaba convencido. En el fondo, Vanessa no quería hacerlo dar vueltas de un lado a otro.
—Vengo con muchos guardaespaldas, no te preocupes. Además, para cuando llegues, tal vez yo ya esté de camino a casa.
Rafael no pudo contra la insistencia de Vanessa. En ese momento, una notificación le avisó que Ricardo le enviaba varios informes de la investigación. Rafael apretó los labios y por fin cedió:
—Está bien, pero ten mucho cuidado. Te espero en casa.
Hizo una pausa y añadió con tono profundo:
—Y vuelve pronto.

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