El aroma del limón ayudó a calmar la sensación de náuseas de Julián.
Como era la hora del almuerzo, la enfermera recordó que Ariana aún no había comido.
—Señorita Santana, ¿tiene hambre? —le preguntó—. Le guardé algo de comida. Si quiere, puedo calentarla en el microondas. Aunque…
Al decir esto, la enfermera miró los recipientes de comida que Esteban había traído.
No estaba segura de si Ariana preferiría la comida sencilla que ella le había guardado o el almuerzo abundante que había traído el señor de antes, cuyo empaque ya delataba su alto precio.
Ariana siguió la mirada de la enfermera y sonrió levemente.
—Claro, muchas gracias.
—¿También caliento esto? —preguntó la enfermera, tomando los recipientes de Esteban para confirmarlo.
—Sí —respondió Ariana, al ver que entre la comida había leche y un caldo de arroz, perfectos para su padre.
Ahora que Esteban no estaba, no tenía por qué desperdiciar la comida.
Con la confirmación, la enfermera se fue a calentar todo.
—Papá, el médico dijo que puedes tragar bien, así que puedes comer alimentos líquidos. ¿Comes un poco conmigo? —dijo Ariana, mientras le quitaba a su padre el vaso de agua, ya casi vacío.
Julián asintió con una sonrisa.
—Claro.
Después de dejar el vaso, Ariana comenzó a masajearle suavemente las piernas, siguiendo la técnica que el médico le había enseñado.
—Por cierto, papá, ¿cómo supo Marisol que se parece a mi mamá? —preguntó Ariana mientras continuaba con el masaje, aprovechando que la enfermera no estaba para retomar la conversación.
Julián pareció no haber pensado en eso y se quedó un momento en silencio.
—No tiene sentido. La única persona en la escuela que conocía a tu madre es el señor Castro, pero Marisol no es su alumna, y él nunca mencionaría a tu madre sin motivo a una estudiante que no conoce.
Ariana pensaba lo mismo, lo que aumentaba aún más sus sospechas sobre Esteban.
—¿Ya tienes a alguien en mente? —preguntó Julián al ver la expresión de su hija. Sabía que ella ya tenía un sospechoso.
Sala de interrogatorios de la comisaría.
Liam, con la declaración que Ariana había dado esa mañana en el hospital, interrogaba personalmente a Marisol.
—¿Conoces a Hugo Álvarez? —preguntó, sus ojos afilados fijos en cada micro expresión del rostro de Marisol.
Marisol sonrió con calma.
—Crecimos en el mismo orfanato, ¿cómo no iba a conocerlo?
—¿Sabes lo que hizo anoche?
—Estuve encerrada aquí toda la noche, ¿cómo voy a saberlo? —respondió Marisol con sorna.
—Anoche mismo dijiste que ibas a denunciar a Julián por violación, y esa misma noche, él fue atacado por Hugo Álvarez y estuvo desaparecido. ¿Sabes lo que eso significa?
—Significa que alguien está haciendo justicia por su cuenta —contestó Marisol sin dudar—. Hugo es un tipo muy leal. Seguramente se enteró de lo que ese cerdo hipócrita de Julián me hizo y se enfureció tanto que quiso darme una mano.

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