Entrar Via

El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 396

Fabiana soltó un resoplido, sin molestarse en discutir.

Cristina seguía llorando, y Ernesto la apuró:

—Ya apúrate, recoge tus cosas, que al rato esta gente tiene que seguir trabajando.

Por dentro, Cristina maldecía a Ernesto por inútil, pero al ver a Fabiana y a los empleados de la mudanza parados ahí, todos con cara de pocos amigos, no le quedó de otra que, entre sollozos, comenzar a empacar.

A decir verdad, a Cristina no le importaban los papeles ni los documentos. Lo que verdaderamente quería salvar eran las joyas, los bolsos de marca y la ropa cara. Todo eso tenía que quedárselo sí o sí.

Metió todo lo que pudo en cajas a toda velocidad.

Pero, para su sorpresa, Fabiana le exigió revisar sus cajas.

—Saca todas esas cosas —ordenó Fabiana, señalando todo lo que no fueran papeles—. La ropa déjala, ya la usaste, está sucia.

Cristina reaccionó como si le arrancaran el alma; se lanzó sobre la caja, gritando desesperada:

—¡Eso es mío! ¡Son mis cosas! ¿Con qué derecho me las quitas? ¡No dejes que se las lleven! ¡Todo es mío!

—¿Tuyo? —Fabiana le arrojó un estado de cuenta—. Mira bien, aquí está el registro de la tarjeta de Gregorio de los últimos dos meses. Ahí dice dónde se gastó el dinero, cuánto te depositó. Todo está clarísimo. Si quieres decir que son tuyas, enséñame los comprobantes de compra, ¿o no los tienes?

Cristina se quedó inmóvil, abrazada a la caja.

No era que no pudiera sacar los comprobantes, sino que, aunque los sacara, en la mayoría aparecían datos de la tarjeta de Gregorio, no la suya. Y aunque algunos sí eran de su tarjeta, también eran compras hechas con transferencias que Gregorio le había dado…

—Ya, vámonos —dijo Ernesto, cargando la maleta de Cristina.

Cristina, temiendo involucrar a la policía, aunque llena de rabia, marcó de inmediato a Gregorio:

—¡Gregorio! ¡Ven a ver lo que está haciendo tu esposa!

Estaba convencida de que, tras el divorcio, Gregorio y Fabiana eran enemigos mortales. Así que, aunque tuviera que irse, quería que Gregorio le gritara a Fabiana para poder marcharse con algo de dignidad. Por eso, puso la llamada en altavoz.

—¿Qué pasa? —preguntó Gregorio del otro lado, su voz imposible de descifrar.

Cristina aprovechó para exagerar la historia, contando cómo Fabiana había entrado a la fuerza, tirado sus cosas y la estaba echando de la casa. Infló los detalles todo lo que pudo. Al terminar, fulminó a Fabiana con la mirada, esperando que Gregorio la defendiera y la regañara.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo