—¿No será que estás exagerando? Beni siempre ha valorado nuestra amistad por encima de todo. Él mismo ha dicho que no tiene familia y que nosotros somos lo más cercano. ¿Cómo crees que pueda sospechar de ti?
—Eso era antes —replicó Gregorio, seco—. ¡Eres un inútil! Abre la videollamada, apunta la cámara al celular de él para que lo revise bien.
Cristina respondió con una grosería, pero igual accedió y activó la videollamada, mostrando todo por la cámara.
Empezó a buscar en distintas apps y carpetas cualquier cosa relacionada con Gregorio, pero no encontró nada.
Revisó una y otra vez el correo electrónico, incluso se topó con algunos asuntos de negocios de Benicio, pero tampoco halló nada relacionado.
—No puede ser… ¿de verdad Beni no sospecha nada? —murmuró Gregorio, inquieto, hasta que de repente exclamó—. ¡Revisa bien su correo! ¡Fíjate si hay otra cuenta registrada!
Cristina hizo lo que le pidió y, efectivamente, encontró otra cuenta: wenty@xxx.
—¡Esa es! ¡Cámbiate a esa! —ordenó Gregorio, alzando la voz.
Cristina lo intentó—No se puede, tiene clave de seguridad adicional.
—¡Eso es justo lo que lo hace sospechoso! —Gregorio sonaba emocionado, como si hubiera descubierto algo grande—. ¡Intenta adivinar la contraseña!
Y así empezó una nueva ronda de intentos: probaron cumpleaños de Estefanía, combinaciones con el de Benicio, nombres, fechas, cualquier cosa que se les ocurriera.
Cristina terminó con dolor de cabeza—No puedo, Gregorio. Esta contraseña es muy diferente, tiene letras, números y símbolos. Aunque probemos mil veces, no daremos con ella.
—Espera… déjame pensar… —Gregorio guardó silencio unos segundos—. Intenta con esto.
Le dictó una combinación de letras, números y signos.
Y la cuenta se abrió.
—¡¿Qué combinación tan rara es esa?! ¿Cómo es que funcionó? —exclamó Cristina, sorprendida.
—Era la contraseña de su cuenta de juegos de cuando estudiábamos. ¡Deja de perder el tiempo y revisa ya! —la apuró Gregorio.
Cristina empezó a revisar y encontró un correo de hace una semana: “Sobre algunos asuntos del señor Esquivel”.
Benicio no respondió. Solo la miraba, sin decir palabra.
—Beni… —intentó Cristina, forzando una sonrisa—. El mesero encontró tu celular y me lo dio. Solo quería ver si de verdad era tuyo…
—Dámelo —pidió Benicio, extendiendo la mano.
—¿Q-qué…? —fingió no entender Cristina.
—¡Mi celular!
—No es para tanto… —sonrió, pero la tensión se notaba hasta en los músculos de su cara.
—¡Ese es mi celular! ¿Por qué dices que no pasa nada? —Benicio le arrebató el celular de un tirón.
Aunque Benicio era mucho más fuerte, Cristina se aferró unos segundos. Cuando por fin el celular volvió a manos de Benicio, ella se encorvó, abrazándose la panza—Beni… Beni, me duele el estómago…

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...