—Con más razón no podemos dejarla ir —respondió el guardia—. ¿Y si le pasa algo en el camino? Le llamaremos una ambulancia.
«¡Una ambulancia mis polainas!».
Cristina lo maldijo para sus adentros y, aprovechando un descuido del guardia, intentó correr hacia afuera. Su plan era esconderse en el baño y esperar a que los policías se fueran para poder escapar.
Pero ya era demasiado tarde.
Los policías se plantaron justo delante de ella.
—Disculpe, ¿es usted Cristina?
Cristina palideció y negó con la cabeza repetidamente.
—No, no soy yo, se equivocan de persona…
—Su identificación, por favor.
Cristina se aferró a su bolso.
—No, no la traigo conmigo.
Pero para entrar al evento de hoy era necesario presentar una identificación, así que su mentira no se sostenía.
Cuando uno de los guardias sugirió que podían hacer una comparación facial, Cristina, sin más excusas, se giró y gritó hacia Gregorio:
—¡Gregorio! ¡Gregorio, sálvame! ¡Gregorio!
Gregorio sintió que se volvía loco.
¿A qué venía que esa loca lo llamara ahora?
—Gregorio, ¿ya no te importo? ¡Desgraciado, fuiste tú…!
—¡Cris! —La voz de Gregorio resonó por encima de la multitud. Corrió hacia ella, con una expresión de profunda desolación—. Cris, nunca imaginé que fueras una persona tan cruel. ¿Cómo pudiste hacer algo así?
La mirada de Gregorio era una advertencia feroz para Cristina. Era como si le dijera que, si pronunciaba una palabra más, sería capaz de matarla allí mismo.
Gregorio quería que se comportara, que no dijera nada que no debiera. A cambio, él le conseguiría el mejor abogado e intentaría salvarla. Pero si hablaba de más, entonces él «no podría hacer nada».
Ese «no poder hacer nada» podía significar muchas cosas.
O bien se hundían todos juntos, o él se encargaba de silenciarla para salvarse a sí mismo…
Luego, se dirigió a los policías:
—Oficiales, mi hermana está embarazada. Por favor, aconséjenle que se cuide.
Cristina entendió la segunda indirecta: al estar embarazada, podría optar a la libertad bajo fianza.
Por lo tanto, tenía que portarse bien. De lo contrario, no habría nadie que la sacara de allí.
En este mundo, la única persona en la que podía confiar era Gregorio.
Aunque fuera una serpiente venenosa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...