—Si te lo digo te vas a enojar más.
Estefanía se señaló a sí misma.
—¡Ya estoy que exploto! ¡Mejor habla claro, para que al menos sepa de qué me muero!
Él sonrió con amargura, abrió la aplicación de rastreo en su celular y se la mostró, señalando un dispositivo con el nombre «Cris».
—Es uno que le compré hace tiempo. Después se compró otro y dejó de usarlo, pero anoche, este celular de repente se activó. Llamé a la policía en ese mismo instante, y justo después me llamó el señor Mateo para preguntarme dónde estabas. Supuse que tenía que ver con este celular, así que lo seguí hasta el puerto. Ahí fue donde vi tus zapatos.
Estefanía ya no podía sentir más enojo. De verdad, ya no le quedaba. Lo que nació en su interior fue una burla helada.
Lo miró y se rio con desprecio.
—Pero qué sentimental, señor Benicio. No fue capaz ni de borrar el rastreador de un celular viejo. ¿Qué pasa? ¿Conservarlo te hace sentir que tu Cris sigue a tu lado?
—No lo guardé por eso. Es costumbre del trabajo, conservo cualquier rastro, por pequeño que sea, como evidencia para cualquier imprevisto…
—Haz lo que quieras. —Estefanía se dio la vuelta, despidiéndose con un gesto de la mano—. Tú y yo no tenemos nada que ver desde hace mucho. Guarda la ubicación de quien se te dé la gana, pero borra la mía. Me da asco solo de pensar que todavía existo para ti de alguna forma.
Se alejó a grandes zancadas. Benicio la observó irse sin decir una palabra más.
A lo lejos, ya podía ver a Noel Roldán. ¿Cuánto tiempo llevaría ahí parado?
Seguramente ella también lo había visto.
De repente, la vio echarse a correr hacia él.
Noel sonrió en cuanto la vio. Corrió a su encuentro, la abrazó con fuerza, levantándola del suelo, e incluso le besó la frente mientras le susurraba algo al oído.
«¿Qué le estaría diciendo?».
«Probablemente algo como “¿dónde estabas?”».
«“Me tenías muerto de preocupación”».
«¿Sería eso?».
***
Estefanía llegó a casa y hasta Elvira respiró aliviada. No había vuelto en toda la noche y de verdad que la tenía muy preocupada. Al verla sana y salva, se le enrojecieron los ojos.
—Estoy bien, Elvira, perdona la preocupación. —De pronto, Estefanía recordó algo—. Oye, tú tienes el WhatsApp del señor Benicio, ¿verdad?
Elvira se sintió un poco avergonzada.
—Bueno… yo…
—No pasa nada, no tienes que explicar. Eres libre de mantener contacto con quien quieras, no tienes que hacer nada solo por mí —se apresuró a decir Estefanía—. Además, sé que él te ayudó con lo de la escuela del niño, y puede que lo necesites más adelante.
—Seño… —Elvira se sintió aún más culpable. Estuvo a punto de decirle «señora», por la costumbre de cinco años, a veces todavía se le escapaba. Por suerte, se dio cuenta a tiempo y se detuvo.
—Ya, no te preocupes por eso. Te pregunto porque necesito un favor —dijo Estefanía—. ¿Le puedes transferir dos mil pesos al señor Benicio? Yo te los doy. Dile que es de mi parte, él ya sabe de qué es.
***

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...