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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 480

¡Claro que le parecía bien!

Estefanía se acurrucó en los brazos de Noel. Su cabello recién seco estaba tibio y desprendía el aroma del champú. Se sentía envuelta en una calidez dulce y reconfortante, un contraste delicioso con el frío y la soledad del mar la noche anterior.

—Estefanía —la llamó él en voz baja, mientras le acariciaba el pelo.

—¿Mmm? —Qué calorcito. Le estaba entrando un sueño terrible.

—¿Tienes sueño?

—Sí.

—¿Hablamos un ratito antes de que te duermas? —La abrazó con más fuerza, susurrándole al oído.

—Mmm, tú dime —respondió ella, con una voz perezosa por el cansancio.

—¿Cómo es que Benicio estaba contigo anoche? —preguntó en voz baja, como si lo recordara de pasada, sin darle mucha importancia.

—Mmm… —Estefanía le dijo la verdad—. Anoche cené con unos compañeros de la preparatoria. Cuando salimos, fue cuando me secuestraron. El señor Mateo les llamó a todos los que habían estado en la cena.

—¿Y cómo logró encontrarte?

—Eso es más complicado… es una larga historia… —Implicaba a Cristina y un localizador.

Al escuchar las palabras «larga historia», la mirada de Noel se ensombreció, pero ella añadió de inmediato:

—Tiene que ver con Cristina.

Esa frase pareció relajarlo un poco.

Finalmente, la abrazó con fuerza y le susurró:

—Mi amor, de ahora en adelante, si Benicio va a estar en alguna reunión, mejor no vamos, ¿sí?

Lo dijo con un puchero, con los ojos húmedos, como un cachorrito abandonado.

Estefanía nunca podía resistirse a esa cara. Le acarició la barbilla y asintió.

—Está bien. Yo de todas formas no sabía que iba a estar ahí. Si lo hubiera sabido, no habría ido.

—Te amo —dijo él, feliz, y le dio un beso en el pelo. Justo cuando iba a seguir besándola, alguien tocó a la puerta.

Noel suspiró, frustrado.

—¿Quién es?

—Elvira tampoco es insignificante. Me ha cuidado durante años y ahora que trabaja para mi hermano, es como de la familia.

Noel no estaba convencido, pero no discutió más. Solo refunfuñó.

—Bueno, bueno, agrégala a ella también, pero que no haya nadie más. Tu corazón es así de pequeño, ¿cuánta gente crees que te cabe?

Hizo un puño para demostrar su punto.

—El corazón de una persona es del tamaño de su puño. Mira qué manos tan chiquitas tienes.

Estefanía dejó la bandeja y envolvió el puño de él con sus manos.

—Aunque el corazón sea pequeño, puede contener el mundo entero, ¿cómo no va a poder con una persona? ¿Quieres un poco?

Se sentó de nuevo, revolvió suavemente la bebida que Elvira le había preparado. Parecía dulce.

Sonrió y le acercó la cuchara a los labios.

—A esto se le llama la dulzura de la vida, y te doy la mitad.

***

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