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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 609

—Regresa, estoy bien. —Estefanía solo había recordado a aquel Benicio en la cama de hospital, sin vida pero esforzándose por sonreírle a ella y a su abuela, y la emoción la había superado.

—Tú… —Bajo el sol del atardecer, el joven Benicio extendió la mano y le frotó la cabeza—. No es para tanto. Todos los caminos llevan a Roma.

Ella retrocedió un paso instintivamente.

Él abrió la mano, mostrando un trocito de papel en la palma.

—Lo traías en el pelo.

—Ah, gracias. —Lo había malinterpretado.

—Tengo que volver a trabajar. Vete a casa, nos vemos mañana. —Él se despidió con la mano.

Ella se quedó allí, queriendo preguntar a qué se refería con eso de «todos los caminos llevan a Roma», pero él insistió en que se fuera.

—Ándale, vete ya, que va a oscurecer. Mañana platicamos en la escuela.

Benicio tenía que trabajar, así que dio media vuelta y corrió de regreso.

Estefanía vio su espalda desaparecer tras la puerta de la tienda y se dirigió a la estación del metro.

Está bien, ya platicarían después.

***

Benicio terminó su turno en la pastelería a las once de la noche. Tomó el metro y llegó a casa a las doce.

Su abuela le había guardado la cena, manteniéndola tibia en la cocina.

Al escuchar el ruido, la abuela salió de su habitación con una mirada llena de cariño y preocupación.

—¿Por qué llegaste más tarde de lo normal hoy?

—Me quedé leyendo en la biblioteca y se me fue el tiempo. —Benicio no le dijo que trabajaba en la pastelería.

Había comido un poco de pan de caja en la tienda, pero seguía teniendo mucha hambre. Sacó la comida y comenzó a devorarla con gusto.

La abuela se sentó frente a él, sonriendo mientras lo veía comer.

—Entonces no lo vendemos.

Tenía razón. Esa casa guardaba demasiados recuerdos de su abuela; él no tenía derecho a deshacerse de ella así como así.

La sonrisa de la abuela se amplió, volviéndose más tierna.

Ya se imaginaba a Benicio creciendo, yendo a la universidad, casándose, teniendo hijos… paso a paso. Qué animada estaría esa vieja casa en el futuro. Solo que no sabía si ella viviría para verlo.

—¿Por qué de pronto quieres vender la casa? —A la abuela le pareció un poco extraño.

—Por nada. —Benicio dudó un momento, pero luego dijo—: Abuela, si me voy a estudiar la universidad a Nube de Sal, ¿te vendrías conmigo?

La abuela entendió entonces. Resulta que el muchacho quería irse de Puerto Maristes; con razón pensaba en vender la casa.

—Claro que sí —dijo ella sonriendo. Aceptaría cualquier cosa, sin siquiera preguntar por qué.

Cuando un muchacho quiere ir a cierta universidad, suele ser por dos razones: o por su futuro o por una chica. Cualquiera que fuera el caso, ella lo apoyaba.

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