La cirugía de la abuela de Benicio estaba programada a primera hora. Ese día, ella había dejado todo organizado.
Había contratado a una cuidadora y pagado tanto la hospitalización como los gastos quirúrgicos.
La cuidadora era una mujer muy amable que le preguntó por qué sus hijos no venían a acompañarla.
La abuela de Benicio respondió sonriendo:
—Están muy ocupados. Es una cirugía menor, no quiero molestarlos.
La cuidadora suspiró para sus adentros; ¿cómo iba a ser una cirugía menor?
Pero no dijo nada más y ayudó a las enfermeras a llevar a la abuela de Benicio hacia el quirófano.
Lo inesperado fue que, en la puerta del quirófano, había un estudiante esperando.
La abuela de Benicio lo reconoció; era compañero de su nieto, el tal Agustín.
—Agustín, ¿qué haces aquí? —preguntó sonriendo, y de pronto cayó en la cuenta de que el doctor Caicedo también se apellidaba así—. El doctor Caicedo es tu...
—Es pariente mío —dijo Agustín—. Me enteré por el doctor Caicedo de que hoy era su operación. Beni y yo somos buenos amigos. Pensé que si usted no le dijo nada tendría sus razones, así que vine a acompañarla yo.
Los ojos de la abuela de Benicio se humedecieron.
—Gracias, Agustín. Vete a clases, no te atrases por mí.
—No pasa nada, abuela. La abuela de Beni es mi abuela también. Ándele, vaya tranquila. —Agustín sostuvo la mano de la abuela entre las suyas—. Abuela, ánimo. Aquí la espero cuando salga.
Cuando la mano de la abuela se deslizó de la de Agustín, sintió claramente cómo el chico le apretaba los dedos con cariño en el último segundo. Ella le sonrió y sus miradas se cruzaron; sintió que los ojos de ese muchacho eran extraordinariamente cálidos y familiares.
Quiso mirarlo mejor, pero la camilla ya la alejaba. Las puertas del quirófano se cerraron, dejando esos ojos cálidos al otro lado.
Agustín y la cuidadora se quedaron esperando afuera.
El tiempo pasaba lentamente. De repente, en el silencioso pasillo del quirófano, se escucharon pasos apresurados y pesados. Alguien llegó corriendo y jadeando.
—Es que... mi tío abuelo es justo el doctor que atiende a tu abuela, así que yo...
No pudo terminar la explicación porque Benicio se acercó de golpe y lo abrazó con fuerza. Luego, le susurró al oído:
—Carnal, sobran las palabras.
Agustín se quedó rígido un instante y luego le dio unas palmadas en la espalda.
—Esperemos juntos a que salga la abuela. Seguro va a estar bien.
—Sí. —Benicio asintió—. Luego te doy las gracias como se debe.
—Ay, no digas eso —respondió Agustín, jalándolo para que se sentara en una de las sillas.
Era una cirugía mayor. La abuela había entrado por la mañana y ya era mediodía, pero aún no salía.
Al principio, Benicio lograba fingir calma, pero conforme pasaban las horas sin noticias, la ansiedad lo invadió. No podía quedarse quieto y empezó a caminar de un lado a otro en la sala de espera.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...