La mano de Estefanía, inconscientemente, se clavó en el brazo de Gilberto.
—Perdió las piernas —dijo Gilberto en voz baja.
—Sabía que no estaba bien, si no, ¿por qué habría faltado a su cita? —Estefanía soltó una risa seca al escucharlo—. Aquel dueño de la pensión dijo que solo tenía problemas para caminar.
—Se podría decir... que son problemas... —A Gilberto le costaba pronunciar las palabras.
—¿Pero cómo que las perdió? ¿Qué tanto perdió? —Estefanía se aferró más fuerte al brazo de su hermano, casi siendo arrastrada por él mientras caminaban.
Gilberto nunca en su vida había hablado con tanta debilidad, con tan poca firmeza. Soltó una frase rápida y tan baja que casi no se oyó: —Fue... por completo...
Estefanía se quedó pasmada un instante.
—Fani, ¿Fani? —Gilberto estaba muy preocupado e intentó verle la cara—. ¿Estás bien? Fani...
Estefanía alzó el rostro y le sonrió. —Sí, estoy bien, perfectamente bien. No me pasa nada malo. Solo quería saber qué le pasó y dónde está. Ahora que lo sé... ya está... ya está...
Estaba sonriendo.
Una sonrisa que le desgarraba el corazón a Gilberto.
—Perdóname, Fani. Vamos, vamos a casa. —Gilberto la abrazó—. Hablemos en casa, Fani...
Había imaginado que Estefanía descubriría toda la verdad algún día, y había pensado en su reacción. Imaginó muchas: ¿llanto?, ¿encerrarse?, ¿enojo?, ¿furia?, ¿romper cosas?
Había planeado estrategias para innumerables reacciones. Si ella hacía esto, él haría aquello.
Pero jamás imaginó que sonreiría...
¿Qué debía hacer ahora?
Y eso era solo una parte de la verdad. Parecía que no había obtenido toda la información del médico. Si lo supiera todo, ¿qué pasaría?
No se atrevía a pensarlo.
Estefanía no habló.
Gilberto aplicó un poco de fuerza y, al no sentir resistencia, la giró hacia él. Vio su rostro bañado en lágrimas.
No hacía ningún ruido, solo lloraba.
Solo lloraba sin parar.
—Fani, Fani, llora, grita si quieres, te sentirás mejor. —Gilberto estaba muy asustado; nunca la había visto llorar así.
Pero ella no emitía sonido alguno, solo las lágrimas fluían sin cesar.
—Fani... —Gilberto la abrazó contra su pecho—. Sé que estás muy triste, pero tienes que entender que Benicio hizo esto porque no quería que sufrieras, ¿verdad?
Ese tal Benicio... hubo un tiempo en que quiso matarlo a golpes, pero pensándolo ahora, lo dejaba... ¡sin palabras!

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...