Benicio no dijo nada, solo bajó la mirada y la observó fijamente.
—¿Te… te dolió mucho? —Ella sabía que su estado actual era extraño. A los ojos de los demás, probablemente parecía un poco desequilibrada. Solo ella conocía el secreto que guardaba en su corazón, uno que nunca podría explicar en este mundo.
Benicio siguió sin hablar. Después de mirarla en silencio por un momento, se dio la vuelta y continuó caminando hacia la entrada del templo.
Delfina e Iván ya los estaban esperando en el pórtico.
—Jefe, ¿por qué tardaron tanto? —Iván, cargando bultos en la espalda y en las manos, se quejaba amargamente.
—¡Qué poco aguante! Se supone que eres hombre, no sirves para nada —le recriminó Delfina.
Al ver que Iván estaba a punto de empezar otra pelea con Delfina, Benicio los detuvo.
—Si van a pelear, al menos fíjense dónde están.
Delfina fulminó a Iván con la mirada y se calmó.
—Entonces… ¿nos comemos algo primero? Para aligerar el peso. ¿No tienen hambre? —Iván abrió una de las bolsas, les pasó una botella de agua a cada uno y sacó dos cajas de galletas.
Delfina las tomó y le pasó una caja a Estefanía.
—Cómanse una caja entre los dos. Son del local de Benicio, ¿aún no las has probado, verdad?
—¡Seguro que no! Lleva un año sin juntarse con nosotros, nunca ha ido al local del Jefe —intervino Iván.
¿El local de Benicio?
Claro, era el último año de preparatoria.
El Benicio del pasado había hipotecado la casa grande de su familia para abrir un restaurante entre el segundo y el tercer año de prepa.
Recordaba que había usado el nombre de la abuela para la hipoteca porque él aún no tenía 18 años.
Así que, ¿ahora Benicio también tenía su restaurante como antes?
—Está rico. —Estefanía asintió, sinceramente. Incluso probándolos diez años después, sus postres seguían siendo deliciosos.
—Vámonos, entremos. —Benicio soltó una frase corta y se adelantó para cruzar la puerta.
Delfina encendió unas veladoras con mucha devoción y siguió todo el ritual. El tiempo restante lo dedicaron a recorrer el recinto.
Estefanía vio aquel árbol.
Ese alcanforero centenario bajo el cual, diez años después, ella enterraría una piedra simbólica.
Inconscientemente, caminó sola hacia el árbol. Debajo había un religioso barriendo las hojas. Al mirar con atención, se dio cuenta de que era el mismo padre que había conocido la primera vez.
Ella había regresado desde el futuro y todos habían rejuvenecido, excepto este sacerdote que lucía exactamente igual.
Tal vez porque lo miró fijamente demasiado tiempo, el padre se percató de su presencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...