El subdirector no logró impedir que Estefanía y la maestra Herrera insistieran en llamar a la policía.
Fue la propia maestra Herrera quien hizo la llamada, ahí mismo, en la oficina del subdirector.
La policía llegó rápido. Tal como había dicho la maestra Herrera, antes de que terminara el tiempo de estudio matutino, los chicos ya habían podido regresar a sus clases, dejando el tablero de anuncios despejado para que los peritos tomaran evidencia.
Para cuando la policía terminó de tomar las declaraciones, aún no terminaba la primera clase.
Después de que los oficiales se fueron, la mirada que el subdirector le lanzó a Estefanía y a la maestra Herrera le hizo sentir a la chica que, si la maestra planeaba buscar un ascenso este año, probablemente ya no se lo darían.
—Subdirector, me llevo a Estefanía de regreso a clase. Gracias —dijo la maestra Herrera, tomando a Estefanía del brazo para irse.
El subdirector no dijo nada más ni intentó retenerlas. Sin embargo, en cuanto salieron, llamó a Control Escolar para pedir que citaran a los padres.
Incluso habiendo llegado al punto de llamar a la policía, todavía se podía presionar a los padres para lograr un acuerdo y cerrar el caso.
El día de Estefanía transcurrió como cualquier otro: clases y comida.
Sabía que muchos estaban hablando de ella. Si realmente fuera la Estefanía de la preparatoria, tal vez no habría soportado tanta presión, pero no lo era.
La verdad es que la ella del pasado había vivido demasiadas tormentas. Incluso le resultaba familiar este tipo de tácticas sucias; ¿no era esto en lo que cierta persona era experta?
Pero ese día también hubo mucha gente preocupada por ella.
Por ejemplo, Delfina.
En cuanto terminaban las clases, Delfina corría al salón de Humanidades a buscarla, temiendo que estuviera triste. La acompañaba, platicaba con ella y trataba de hacerla reír, hasta que Estefanía le dijo claramente que estaba bien; solo entonces Delfina se quedó tranquila.
Lo mismo pasó con los chicos de Humanidades, liderados por Agustín. En cuanto ella regresaba al salón, las miradas de preocupación se centraban en ella. Ya fuera en los recesos o al ir a comer a la cafetería, un gran grupo la acompañaba. Su actitud dejaba claro que, si alguien se atrevía a burlarse, ellos intervendrían.
Estefanía estaba realmente conmovida. Parecía que, en el último año de prepa que le había tocado vivir originalmente, nunca había sentido tal camaradería.
Aun así, le dijo a Agustín en voz baja que no era necesario.
—¿Acaso se atreverían a hacer alguna locura dentro de la escuela?


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...