Delfina terminó de gritar y salió corriendo otra vez. Estaba realmente herida, destrozada por todo lo que Estefanía había sufrido ese día y por el fin de su amistad con Benicio.
Estefanía, al verla así, sintió un hueco en el pecho y bajó las escaleras apresuradamente.
Se encontró con Delfina a un lado del edificio. Delfina se sorprendió al verla y trató de secarse las lágrimas con fuerza, no quería que Estefanía la viera llorar, pero cuanto más se frotaba, más lágrimas salían.
Estefanía sintió un nudo en la garganta.
La verdad es que, al haber regresado a este mundo, su edad mental no era la misma que la de Delfina y los demás. Ya no tenía esa juventud vibrante de risas escandalosas y llantos desgarradores.
Ya fuera por las calumnias de Cristina, el intento de acoso en las duchas, la desaparición de Benicio o su defensa a la otra chica, Estefanía no sentía grandes altibajos emocionales. No sentía una furia incontrolable ni amargura. Pero ver a Delfina en ese momento, esa Delfina que solo pensaba en protegerla, hizo que algo se moviera en su interior; una mezcla de tristeza y calidez que la conmovió profundamente.
Tomó las manos de Delfina, quien seguía llorando.
—Delfina, gracias.
Al escuchar eso, Delfina se sintió peor.
—¿Gracias de qué? Si no hice nada.
—Hiciste mucho. Gracias por ser tan buena conmigo. —Ella entendía lo que sentía su amiga. Delfina siempre pensaba que, por ser bailarina, Estefanía era frágil y delicada. No sabía que esa bailarina solo parecía delgada, pero en realidad era puro músculo y fuerza.
—¡Buena de qué! Ni siquiera pude protegerte. —Delfina estaba llena de rabia. ¡Había alguien que podía protegerla, pero justo en el momento clave no estaba, y encima se ponía del lado de la enemiga!
—Me has ayudado muchísimo, de verdad. —Volver a sentir esa amistad adolescente, tan intensa y pura, era una de las cosas que más valían la pena de haber vuelto—. Vámonos, hay que entrar a clase. No te preocupes, estoy bien. Tengo un plan.
Ya había sonado el timbre para entrar. Caminaron juntas hacia el salón mientras platicaban. Estefanía le secaba las lágrimas a Delfina. De pronto, al voltear, vio que Benicio las seguía a una distancia prudente. Al cruzar miradas, él pareció querer decir algo, pero se detuvo.
Estefanía fingió no verlo y siguió subiendo las escaleras con Delfina hasta que cada una se fue a su salón.
Fuera del aula de Humanidades, Agustín Caicedo la estaba esperando.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Baile de Despedida del Cisne Cojo
Es verdad sale muy caro liberar capitulos...
Muy bonita la novela me encanta pero pueden liberar mas capitulos yo compre capitulos pero liberar mas capitulos sale mas caro...
Muy bonita novela desde principio cada capítulo es un suspenso...