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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 712

En el estrado comenzó a sonar la música; los directivos tomaban sus asientos y los invitados especiales se preparaban. La ceremonia estaba a punto de comenzar.

El director fue personalmente tras bambalinas para confirmar por última vez el protocolo y los preparativos, pero se encontró con que Lourdes era quien sostenía el ramo de flores.

Su expresión cambió drásticamente y cuestionó al maestro encargado de la sociedad de alumnos:

—¿No habíamos quedado en que Estefanía entregaría las flores?

El maestro se puso rígido y lanzó una mirada nerviosa al Coordinador de Disciplina.

El director, que era sumamente perspicaz, volteó de inmediato y preguntó:

—¿Fue idea tuya?

El Coordinador de Disciplina empezó a sudar frío por la frente y, forzando una sonrisa, dijo:

—Pues... ¿no ve que Estefanía ha estado envuelta en demasiados escándalos últimamente? Y para colmo, apenas ayer alguien le tomó fotos en situaciones muy íntimas con un hombre de fuera. El rumor de que es una mantenida y tiene un *sugar* ya se esparció por toda la escuela. Dejar que ella entregue las flores no sería bien visto, y quedaríamos en ridículo frente a los invitados, ¿no cree?

—Tú... —El director estaba que echaba humo. Lo señaló con el dedo un buen rato, pero se tragó el coraje. No era momento ni lugar para regaños—. ¿Dónde está Estefanía? —preguntó al maestro de la sociedad de alumnos.

—Ya regresó a su salón —respondió el maestro en voz baja, mirando de reojo al Coordinador.

En ese momento, la voz entusiasta del conductor del evento resonó por los altavoces, anunciando el inicio de la ceremonia y pidiendo a los directivos e invitados que tomaran asiento.

Ya era demasiado tarde para llamar a Estefanía.

El director no tuvo más remedio que resignarse e instruyó al maestro:

—Que se quede así por ahora, pero vigila bien que no haya más desastres.

Lourdes, sosteniendo el ramo que por derecho pertenecía a Estefanía, esperaba a un costado del escenario, nerviosa pero emocionada.

Ya estaba hecho. Cristina le había dicho que, si lograba que Estefanía quedara en ridículo durante la ceremonia de donación, le regalaría un celular nuevo.

Estefanía, por su parte, estaba sentada en las filas de su grupo. Miraba hacia el estrado a través de un mar de cabezas, intentando ver cómo lucía su hermano ese día.

Sin embargo, el asiento de honor en el estrado seguía vacío.

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