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El Baile de Despedida del Cisne Cojo romance Capítulo 719

—Tú… —Delfina la miró frunciendo el ceño—. Fani, actúas muy raro, como si…

—¡Estefanía! —gritó Agustín a lo lejos.

—¡Voy! —Estefanía corrió hacia él con una sonrisa, despidiéndose de su amiga—. Delfina, me voy al salón a hacer unos ejercicios. Nos vemos después del estudio vespertino para ir al dormitorio.

Delfina se quedó parada en su lugar, mirando la espalda de Estefanía, atónita.

Benicio apareció junto a ella sin que se diera cuenta, parándose hombro con hombro, pero su mirada estaba fija más adelante, en la muñeca de Estefanía.

—¿Qué les pasa a ustedes dos? —preguntó Delfina mirando a su amiga alejarse, sin entender nada.

Benicio guardó silencio y se marchó sin decir una palabra.

Estefanía, en su estado de espectadora, tenía la vista clavada en Benicio. Parecía no tener control sobre su perspectiva, que seguía a Benicio automáticamente.

Vio que Iván se reunía con él.

—Jefe, ya está arreglado —le dijo Iván—. Mañana por la tarde en el Liceo Libertador Simón Bolívar. Gregorio y los demás estarán esperando en la escuela.

Estefanía se alarmó. ¿Otra vez juntándose con Gregorio y su grupo? ¿No le había prometido que no iría?

—Está bien —respondió Benicio. ¡Aceptó!

¡Se atrevió a aceptar!

Estefanía quiso gritarle: «¡Benicio, eres un desgraciado que no tiene palabra! ¿No quedamos en que no te juntarías con ellos?».

Sin embargo, no pudo gritar. No salió ningún sonido. Y entonces, de repente, la alarma del despertador la sacó del sueño.

Abrió los ojos; seguía en su casa de Londres y el celular sonaba insistentemente.

En realidad, siempre dejaba la alarma puesta, aunque si caía en el sueño profundo del otro tiempo, nada lograba despertarla.

Se recostó intentando volver a dormir para detener a Benicio.

Pero el sueño no regresó…

Estaba angustiada. Antes, cuando no podía despertar, solo deseaba volver a la consciencia para dejar de sufrir con exámenes y estudios, para retomar su vida normal. Ahora que estaba despierta, deseaba que llegara la noche rápido. ¡Necesitaba dormir!

Miró a las gradas: Delfina estaba ahí y, por supuesto, también la Estefanía adolescente. Además, vio a alguien más: Cristina.

Cristina llevaba el uniforme del Liceo Libertador.

¿Se había transferido de nuevo al Liceo Libertador?

Sonó el silbato final, el partido terminó, hubo vítores y los jugadores de ambos equipos se dirigieron al centro de la cancha para darse la mano.

Estefanía vio cómo Benicio caminaba hacia Iván, ¡y la adolescente Estefanía no hacía nada para detenerlo!

¿Qué hacía ahí parada con una botella de agua?

La Estefanía espectadora se desesperó y, olvidando su condición, se lanzó hacia Benicio.

Logró interponerse, pero como era solo una visión, su cuerpo no se materializó. Benicio la atravesó y siguió caminando.

—¡Benicio! —gritó ella—. ¿Qué fue lo que me prometiste?

Volvió a colocarse frente a él.

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