Entrar Via

El Contrato para Olvidarte romance Capítulo 148

La lucha fue un estallido de furia inútil y animal. Ava se retorció y se revolvió con la fuerza de la desesperación, su cuerpo era un nudo de músculos tensos y adrenalina.

Pateó hacia atrás, su bota conectando con la espinilla de uno de los hombres con un golpe satisfactorio. Él gruñó de dolor, pero su agarre no vaciló. Mordió la mano enguantada que le cubría la boca, sus dientes se hundieron en el cuero, pero fue como morder una piedra.

La arrastraron hacia la boca abierta y oscura de la furgoneta. La luz del sol desapareció, reemplazada por la sombra del interior del vehículo. El olor a metal, a aceite y a ese mismo químico dulce y enfermizo era abrumador.

Justo cuando estaban a punto de meterla dentro, una de sus piernas se liberó por un instante. Pateó con todas sus fuerzas, su pie golpeando el panel metálico de la puerta con un ruido sordo que resonó en la callejuela.

Fue su último acto de desafío.

El segundo hombre la agarró de la pierna y, con un movimiento coordinado, la empujaron hacia dentro.

En ese instante, algo áspero y grueso se deslizó sobre su cabeza. Una capucha de tela negra, que olía a polvo y a encierro, le cubrió la cara, sumergiéndola en una oscuridad total y asfixiante.

El mundo desapareció. El sol, la calle, los rostros de sus captores, todo se desvaneció. Su universo se redujo a la tela áspera que le arañaba la piel y a la creciente dificultad para respirar.

La arrojaron sin ceremonias. No la colocaron. La arrojaron.

Un terror puro y animal se apoderó de ella.

Sus sentidos, privados de la vista, se agudizaron hasta un punto doloroso. Podía oler el hedor de los gases de escape que se filtraban desde abajo. Podía sentir la vibración del motor a través del suelo, un temblor constante que le resonaba en los huesos. Podía oír el chirrido de los neumáticos en el asfalto, el sonido distante de las sirenas de la ciudad, un recordatorio cruel de un mundo al que ya no pertenecía.

Estaba completamente indefensa. Atrapada en una caja de metal rugiente y apestosa, siendo llevada a un destino desconocido por hombres sin rostro.

El grito que se formó en su garganta no pudo salir. Se quedó atrapado en su pecho, un nudo de terror tan apretado que dolía.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: El Contrato para Olvidarte